Eric Maison, de 39 años, y su hija Corey, de 15, se percataron al mismo tiempo de que eran personas transgénero mientras visionaban un documental sobre una joven trans. Este suceso tuvo lugar en los Estados Unidos y marcó el inicio de un proceso de transformación corporal y emocional para ambos.
Según Eric, aquel instante fue decisivo para que padre e hija comprendieran sensaciones que llevaban tiempo experimentando: “Fue cuando los dos aprendimos qué significaba ser transgénero y nos dimos cuenta de que eso nos describía a los dos exactamente”.
Antes de ese momento, los dos vivían con un fuerte malestar en relación con sus propios cuerpos, sin poder identificar la causa. Corey recuerda: “Estaba siempre triste y enfadada todo el tiempo, y no sabía qué hacer al respecto”. Eric añade: “Intuía que algo no encajaba, pero no sabía qué era. Odiaba mi cuerpo, me avergonzaba de él, sin entender por qué. Pensaba que algo fallaba en mi cabeza”.
Poco después de ver aquel documental, en 2012, Corey decidió comunicar su identidad a la familia. “Fue muy liberador”, cuenta ella. Eric, en cambio, pospuso su propio proceso durante aproximadamente tres años para centrarse en el bienestar de su hija: “Quería asegurarme de que mi hija estuviera bien. Como padre, lo primero son los hijos”. Durante ese periodo, Corey afrontó episodios de acoso escolar, pero también recibió el apoyo de quienes permanecieron a su lado: “Perdí amigos en el camino, pero los que de verdad importan se quedaron”.
Cuando Corey regresó a clase en Detroit, la escuela adoptó medidas de acompañamiento y permitió el uso de espacios femeninos. Aunque algunos padres cuestionaron la decisión, la dirección escolar mantuvo la normativa de respeto y convivencia.
En 2015, Corey inició un tratamiento hormonal bajo supervisión médica para ajustar sus niveles de hormonas a su identidad de género. Al mismo tiempo, Eric comenzó a asumir su propia transición: primero en terapia psicológica, luego con la aceptación de su marido. Eric recuerda haberle dicho a su pareja: “Perdona que te tenga con una Lili”, y la respuesta fue: “Te amo y, pase lo que pase, lo resolveremos juntos”. Tras la terapia hormonal con testosterona, Eric también se sometió a una mastectomía, operación que describe como “un punto de inflexión”: “Es irónico que algo tenga que ser retirado de mi cuerpo para que me sienta más completo”.
En la actualidad, ambos coinciden en que la transición ha traído mejoras significativas en su calidad de vida y en sus relaciones familiares. “Guardar un secreto nos distanciaba y creaba barreras. Ahora somos personas más felices y tenemos vínculos más honestos con nuestra familia”, asegura Eric.
Contexto y consideraciones técnicas
La palabra transgénero se emplea para designar a aquellas personas cuya identidad de género difiere del sexo que les fue asignado al nacer. La disforia de género, reconocida por organizaciones como la Asociación Mundial de Profesionales para la Salud Transgénero (WPATH), describe el malestar que puede surgir de esa discrepancia. En muchos países, el abordaje clínico incluye apoyo psicológico, bloqueadores de la pubertad para adolescentes y terapias hormonales orientadas por endocrinólogos.
El respaldo familiar y social es uno de los factores más relevantes para el bienestar de personas trans, según diversos estudios. La escuela y los entornos laborales que implementan políticas de respeto de la identidad de género contribuyen a reducir el riesgo de exclusión y de problemas de salud mental asociados al estigma.
La historia de Eric y Corey ejemplifica cómo un proceso compartido de autoconocimiento y transición puede reforzar los lazos familiares. Asimismo, ilustra la importancia de disponer de recursos educativos y sanitarios que permitan acompañar estos procesos con garantías de seguridad y respeto.


