
Javier Milei aún no ha felicitado a Luiz Inácio Lula da Silva por su victoria electoral, en medio de las tensiones diplomáticas entre Argentina y Brasil. (Foto: Instagram)
El presidente argentino, Javier Milei, todavía no ha felicitado a Luiz Inácio Lula da Silva por su reelección, una ausencia que prolonga la crisis diplomática entre Brasil y Argentina. Las representaciones de ambos países ya habían sido rebajadas después de una sucesión de ataques del mandatario argentino contra Lula y otras autoridades brasileñas.
Lula ganó la segunda vuelta presidencial, celebrada el domingo 25 de octubre, con el 51,79 % de los votos válidos. El senador Flávio Bolsonaro, a quien Milei había apoyado públicamente, obtuvo el 48,21 % y anunció inicialmente que impugnaría el resultado ante la justicia electoral. Al día siguiente, sin embargo, dio marcha atrás: tras hablar con aliados, él y miembros de su equipo jurídico descartaron pedir la anulación de los comicios y afirmaron que esa opción tenía «cero posibilidades». Según un vídeo difundido por el propio senador, la estrategia pasaría a ser solicitar la anulación de la candidatura de Lula y Geraldo Alckmin.
Según informaciones difundidas en Argentina, miembros del Gobierno de Milei llegaron a preparar un mensaje de felicitación, pero lo abandonaron después de que la campaña derrotada cuestionara el resultado. El presidente argentino no ha explicado públicamente su decisión y compartió en redes sociales una publicación de un aliado que criticaba a Lula y a los votantes brasileños. El profesor de relaciones internacionales Maurício Fronzaglia, de la Universidad Presbiteriana Mackenzie, considera que el silencio no se debe a un fallo de comunicación, sino a una decisión política. «Está claro que es una decisión política. Es obvio, no es un error de comunicación», afirmó. A su juicio, la postura refleja una polarización política que traspasa fronteras: «Como no ha ganado el candidato al que apoyé, no felicito al ganador. Es una infantilización de las relaciones diplomáticas».
La falta de felicitación llega tras meses de tensión. En julio, Milei criticó a Lula y al juez Alexandre de Moraes durante un acto del Partido Liberal en São Paulo. El Ministerio de Exteriores brasileño convocó entonces al embajador argentino y llamó a consultas al representante brasileño en Buenos Aires. En agosto, las relaciones se rebajaron y las embajadas pasaron a estar dirigidas por encargados de negocios. Cinco días antes de la segunda vuelta, Milei volvió a cuestionar la limpieza de las elecciones e insinuó que podía haber fraude. El Ministerio de Exteriores calificó sus declaraciones de «nuevo e inaceptable intento de injerencia externa» en el proceso democrático brasileño y sostuvo que corresponde exclusivamente a los votantes decidir el futuro político del país.
Para Fronzaglia, la posición de Milei tiene consecuencias que van más allá de la relación personal entre ambos presidentes. La derrota de Flávio Bolsonaro supone, en su opinión, un revés para el proyecto de ampliar la influencia de los gobiernos de derechas en América Latina, vinculado al alineamiento del argentino con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Al comentar el resultado electoral brasileño, Trump cuestionó la legitimidad de los comicios y dijo que, a su parecer, «pintó muy mal» y parecía «más bien una elección fraudulenta». El profesor recuerda que Argentina tiene menos capacidad de influencia regional que Brasil y advierte de que la falta de reconocimiento de la victoria de Lula puede dificultar las ambiciones continentales de Milei. También subraya que la tradición diplomática exige respetar las decisiones electorales de los países vecinos, aunque existan diferencias ideológicas. Mientras tanto, los dos presidentes evitan encuentros bilaterales en actos internacionales y las representaciones diplomáticas siguen rebajadas.
Los vínculos económicos, no obstante, continúan funcionando. La integración comercial, especialmente en la industria y el sector automovilístico, limita el impacto de la crisis política en la relación bilateral. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos de Argentina (Indec), entre enero y septiembre Brasil fue el principal socio comercial argentino: recibió el 12,7 % de las exportaciones del país vecino y representó el 21,4 % de sus importaciones. En esos meses, las ventas argentinas a Brasil crecieron un 4,5 %, mientras que las compras argentinas de productos brasileños bajaron un 17 %. La caída de las importaciones ayuda a explicar el debilitamiento reciente del intercambio, aunque no hay pruebas de que la falta de felicitación de Milei la haya causado directamente. El riesgo, según la información publicada, es que la falta de diálogo político ralentice las negociaciones, retrase iniciativas de integración y complique la coordinación entre ambos gobiernos, también en el Mercosur. Fronzaglia cree que los intereses económicos sostendrán parte de la cooperación: «La agenda comercial continúa porque es importante para Argentina y para Brasil». Añade que las cadenas productivas integradas y la complementariedad de ambas economías favorecen que se mantengan los vínculos pese a la distancia política.


