
Un cirujano cardiaco con más de 3.000 intervenciones en su historial lanzó una advertencia directa sobre alimentos presentes en la cocina de muchos hogares. Según el médico Philip Ovadia, el problema no reside únicamente en dulces, refrescos o comidas claramente azucaradas, sino también en productos consumidos a diario y que con frecuencia se venden como opciones “normales” o incluso saludables.
Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en Europa y el mundo. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), estas patologías representan cerca del 31 % de todos los fallecimientos anuales. Entre los principales factores de riesgo se incluyen la mala alimentación, el sedentarismo, el tabaquismo y la hipertensión arterial. Por ello, modificaciones en la dieta pueden tener un impacto significativo en la prevención de infartos, accidentes cerebrovasculares y otros trastornos coronarios.
Ovadia subraya que estos productos ultraprocesados, y en concreto aquellos ricos en carbohidratos refinados, fomentan resistencia a la insulina, inflamación crónica y alteraciones metabólicas que pueden incrementar el riesgo de problemas cardiovasculares. Durante las operaciones sirve de observatorio para evaluar estos efectos en las arterias de pacientes que han sufrido un infarto.
El término “carbohidratos ultraprocesados” se ha popularizado en estudios nutricionales modernos. Se refiere a fórmulas industriales compuestas de aceites, grasas, azúcar, sal y aditivos, con escaso o nulo contenido de nutrientes naturales. Este tipo de alimentos se elabora para maximizar su sabor, textura y conservación, pero a costa de sacrificar fibras y principios nutritivos esenciales.
En la lista señalada por Ovadia figuran productos tan comunes como pan blanco, bagels, cereales de desayuno, galletas, pastas, snacks salados, barras de granola, yogures saborizados, zumos de fruta industrializados, avena instantánea y muchos artículos integrales que llegan al mercado ya elaborados. “Incluso alimentos etiquetados como saludables, como granola baja en grasa, pan integral y galletas de arroz, están repletos de estos carbohidratos refinados”, afirma.
El consumo habitual de estos productos provoca picos repetidos de glucemia y de insulina en sangre, favorece la acumulación de grasa visceral y genera un entorno inflamatorio en el organismo. La inflamación crónica es un factor de riesgo reconocido por organismos de salud internacionales y está asociada con el desarrollo de placa aterosclerótica en las arterias.
La resistencia a la insulina es un fenómeno metabólico en el que las células del cuerpo dejan de responder correctamente a la hormona insulina, produciendo el páncreas más cantidad de ésta para compensar. Con el tiempo, esta sobrecarga puede agotar la capacidad del páncreas y derivar en diabetes tipo 2, además de favorecer la acumulación de lípidos en el hígado y en zonas próximas al corazón.
Ovadia describe dos tipos de placa arterial. Una de ellas es blanda, inestable y altamente inflamatoria; puede romperse de manera súbita y obstruir la arteria provocando un evento agudo, como un infarto de miocardio. La otra placa es más densa y calcificada, estrecha gradualmente el conducto vascular y reduce progresivamente el flujo de sangre al músculo cardíaco.
En la comunidad científica se emplea con frecuencia la clasificación NOVA para categorizar los alimentos según su grado de procesamiento. Los ultraprocesados corresponden al grupo 4, es decir, productos que han sufrido múltiples procesos industriales y contienen ingredientes que rara vez se utilizan en la cocina doméstica, como jarabes, emulsificantes y colorantes.
Para reducir estas amenazas, el cirujano recomienda reemplazar los carbohidratos ultraprocesados por alimentos menos industriales, como verduras frescas, frutas enteras, carnes y pescados, huevos, frutos secos y grasas en su estado natural – como aceite de oliva virgen extra o aguacate. Mantener una dieta equilibrada, combinada con actividad física regular, ayuda a estabilizar la glucemia y a proteger la salud cardiovascular.
Otro cirujano cardiaco, Jeremy London, también alerta sobre la necesidad de moderar el consumo de ultraprocesados, especialmente aquellos ricos en aditivos y con escaso valor nutricional. London resume su consejo en una frase sencilla: evitar los productos “que tu abuela no habría tenido en la cocina”.
Asimismo, el médico Chris van Tulleken, adscrito al NHS del Reino Unido, ha criticado con dureza estos alimentos, llegando a afirmar que los ultraprocesados podrían haber superado al tabaco como una de las principales causas de muerte prematura en el mundo.
Para el consumidor medio, resulta esencial revisar las etiquetas de los alimentos antes de comprarlos. Priorizar aquellos con pocos ingredientes y reconocer términos asociados a azúcares añadidos o grasas hidrogenadas puede ayudar a reducir el consumo de ultraprocesados. Profesionales de nutrición recomiendan planificar menús semanales basados en alimentos frescos, así como prestar atención al tamaño de las porciones.
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