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EE. UU. acude a las urnas en unas elecciones legislativas que pueden afectar al futuro de Trump

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Los votantes de Estados Unidos acuden este martes, 3 de noviembre, a las urnas para elegir a los nuevos integrantes del Congreso, en unos comicios que pueden plantear los primeros grandes obstáculos al segundo mandato del presidente Donald Trump.

La votación renovará los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 del Senado. Se celebra en un contexto de desgaste de la Administración republicana, con una caída en la aprobación presidencial, la prolongación de la guerra contra Irán y el aumento del coste de la vida. Si los demócratas obtienen la mayoría en una o en ambas cámaras, podrían limitar la capacidad del presidente para impulsar su agenda durante los dos próximos años.

La mayoría republicana está en riesgo en las dos cámaras legislativas. Los demócratas ven en las elecciones una oportunidad para recuperar terreno en Washington y aumentar la supervisión del Gobierno. Las elecciones de mitad de mandato se celebran cada dos años, entre las elecciones presidenciales, y suelen servir como una evaluación de la gestión del presidente en ejercicio. En esta ocasión no hay ningún candidato a la Casa Blanca en las papeletas, pero el resultado puede reflejar el grado de satisfacción de los votantes con la situación del país y con las decisiones del Ejecutivo.

La víspera de los comicios, el lunes 2 de noviembre, una nueva encuesta de Reuters/Ipsos no mostró una mejora en la valoración de Trump. Su aprobación se mantiene en el 32%, el mismo porcentaje que en el sondeo anterior y cerca del mínimo del 31% registrado el 19 de octubre. La encuesta también reflejó una ventaja demócrata en la preferencia de los entrevistados: el 46% dijo que prefería a candidatos demócratas al Congreso, frente al 38% que optó por republicanos. Además, la mitad de los votantes independientes afirmó que tiene intención de votar contra Trump. El sondeo consultó a 1.765 votantes y tiene un margen de error de dos puntos porcentuales.

Las previsiones apuntan a una contienda reñida, en especial por los escaños en juego en el Senado. En la Cámara de Representantes, los demócratas parten en una posición favorable para recuperar la mayoría: las proyecciones electorales les atribuyen más de un 90% de posibilidades de conseguirlo. En el Senado, las estimaciones también muestran una ventaja demócrata, aunque la competición está más equilibrada.

En la actualidad, los republicanos ocupan 218 escaños en la Cámara, frente a los 214 de los demócratas. Para hacerse con el control, la oposición necesita ganar cuatro escaños más. En el Senado, los republicanos tienen 53 de los 100 puestos, mientras que los demócratas y los independientes alineados con el partido suman 47. Para alcanzar la mayoría, los demócratas necesitan llegar a 51 escaños. Los diputados cumplen mandatos de dos años y los senadores, de seis; por eso, en estas elecciones se renueva toda la Cámara y aproximadamente un tercio del Senado.

La composición del Congreso es relevante porque sus miembros elaboran y aprueban las leyes federales y supervisan al poder ejecutivo. Un cambio en el equilibrio parlamentario puede dificultar la aprobación de proyectos prioritarios de la Casa Blanca y alterar la relación entre el Legislativo y el Gobierno. También puede afectar a la labor de las comisiones, que examinan asuntos de política pública y pueden solicitar información a la Administración.

La economía ocupa un lugar destacado entre las preocupaciones electorales. Los votantes afrontan el encarecimiento de los combustibles, los alimentos, la sanidad y la vivienda. La prolongación de la guerra en la que participan Estados Unidos, Israel e Irán también presiona el coste de la vida y ha provocado críticas a la política exterior de Trump. Los demócratas responsabilizan asimismo a los aranceles comerciales del encarecimiento de los productos, mientras que los republicanos presentan el endurecimiento de las políticas migratorias como un logro del Gobierno. La regulación de la inteligencia artificial también ha entrado en el debate electoral.

En la víspera de la votación, Trump intensificó sus esfuerzos para movilizar a los votantes y conservar la mayoría republicana en el Congreso. En un discurso de unos 50 minutos junto al estanque reflectante del Monumento a Lincoln, en Washington, el presidente calificó estos comicios como los más importantes de sus vidas y volvió a criticar a los demócratas. «El Partido Demócrata ha presentado la lista de candidatos más extremista y peligrosa de la historia estadounidense», declaró.

Trump acusó a sus adversarios de defender fronteras abiertas, subidas de impuestos, restricciones a la tenencia de armas y políticas que, según él, aumentarían los costes de la energía y la inmigración. En defensa de su gestión, afirmó que Estados Unidos vive una «edad de oro» y destacó el desempeño económico de su Gobierno. También pidió a sus partidarios que afrontaran la votación como si él mismo fuera candidato.

El discurso se produjo en un contexto de malestar por el coste de la vida. Algunos estrategas republicanos han expresado preocupación por la atención que Trump ha dedicado a proyectos de reforma y construcción de monumentos y estructuras en Washington mientras muchos estadounidenses afrontan dificultades económicas.

Una victoria demócrata en al menos una de las cámaras cambiaría de forma significativa la relación entre el Congreso y la Casa Blanca. Si los demócratas controlan la Cámara de Representantes, dirigirían sus comisiones y podrían convocar a miembros del Gobierno, solicitar documentos y abrir investigaciones sobre la Administración republicana. También podrían examinar contratos, posibles conflictos de intereses y medidas adoptadas mediante decretos presidenciales.

Entre los demócratas podría ganar fuerza la posibilidad de iniciar otro proceso de destitución. La Cámara de Representantes presenta las acusaciones y el Senado lleva a cabo el juicio político; para condenar al presidente se necesita el apoyo de dos tercios de los senadores. Si la oposición controla el Senado, también podría dificultar la confirmación de los candidatos presidenciales para puestos de alto nivel, embajadas y tribunales federales, incluidas posibles vacantes en el Tribunal Supremo.

Trump podría seguir utilizando órdenes ejecutivas para aplicar parte de su programa, pero encontraría más resistencia institucional y más dificultades para convertir sus propuestas en leyes. El resultado de las elecciones también influirá en las maniobras políticas de cara a las presidenciales de 2028, en las que Trump no podrá participar porque ya habrá ejercido dos mandatos.

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