
El bloque de Benjamin Netanyahu obtuvo 53 escaños y ningún grupo alcanzó la mayoría necesaria para gobernar Israel. (Foto: Instagram)
Benjamin Netanyahu y sus aliados han perdido la mayoría en el Parlamento israelí tras las elecciones, pero Israel todavía no tiene un nuevo Gobierno. El recuento definitivo, divulgado el jueves 29 de octubre, dejó a los distintos bloques sin los 61 escaños necesarios para gobernar, por lo que se abre un periodo de negociaciones que podría prolongarse durante semanas. El bloque de Netanyahu obtuvo 53 de los 120 asientos; la principal fuerza opositora, encabezada por el exjefe militar Gadi Eisenkot, logró 48, y los partidos que representan a la minoría árabe-israelí sumaron los 19 restantes, cuatro más que en los comicios de 2022.
Los ciudadanos israelíes no eligen directamente al primer ministro: votan listas de partidos y el cargo corresponde a quien consiga reunir apoyos suficientes en la Knéset para formar una coalición. Tanto Netanyahu, que ha gobernado durante más de 19 años en distintos periodos, como Eisenkot han anunciado que intentarán formar Gobierno, aunque el resultado no ha consolidado ninguna alianza. El presidente Isaac Herzog deberá escuchar durante una semana a los partidos electos y, después, designar al candidato que considere con más posibilidades de reunir una mayoría. No tiene por qué ser el líder de la formación con más escaños.
El primer candidato dispondrá de 28 días para negociar, con la posibilidad de solicitar una prórroga de otros 14. Si fracasa, Herzog podrá encargar la tarea a otra persona, que tendrá 28 días y no podrá ampliar el plazo. Si tampoco prospera ese intento, los diputados contarán con 21 días para proponer a alguien que reúna el respaldo de al menos 61 parlamentarios; esa persona dispondrá de otros 14 días para cerrar las negociaciones. Si ninguna vía permite formar un Ejecutivo, la Knéset se disolverá y se convocarán nuevas elecciones. Herzog ha manifestado que hará lo posible por evitar una nueva cita electoral y facilitar un acuerdo.
Los partidos árabe-israelíes podrían resultar decisivos, ya que sus votos pueden ayudar a la oposición a alcanzar la mayoría. Yousef Jabareen, dirigente de la coalición árabe de izquierdas Joint List, defendió acercarse a los partidos opositores para poner fin al Gobierno de Netanyahu y sostuvo que los comicios ofrecen una oportunidad para impulsar un liderazgo basado en la colaboración entre judíos y árabes. Sin embargo, parte de la oposición rechaza pactar con esas formaciones. El grupo de Eisenkot incluye corrientes diversas, también representantes de derechas contrarios a cualquier acuerdo con ellas. Yair Golan, líder del principal partido israelí de izquierdas, fue uno de los primeros opositores en reclamar públicamente una alianza; además, cientos de israelíes se manifestaron para presionar a los partidos a negociar con la minoría árabe. Otra opción sería un Gobierno minoritario de Eisenkot, respaldado desde fuera por diputados árabes, aunque se considera una fórmula políticamente frágil.
Netanyahu no abandonará el cargo de inmediato: seguirá como primer ministro en funciones hasta que se forme un nuevo Ejecutivo y este obtenga la confianza del Parlamento. Su Gobierno podrá continuar administrando el país durante las conversaciones, pero la jurisprudencia del Tribunal Supremo y las directrices de la Fiscalía General limitan ciertas decisiones, como algunos nombramientos y medidas no urgentes. El bloqueo también podría llevar a Netanyahu a intentar atraer a antiguos aliados de derechas, entre ellos Naftali Bennett y Avigdor Lieberman, aunque ambos han prometido no pactar con él. A esto se suman las diferencias con los partidos ultraortodoxos, aliados tradicionales del primer ministro, en particular sobre las exenciones del servicio militar.
La elección, la primera celebrada desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y el inicio de la guerra en la Franja de Gaza, también se interpretó como una evaluación de la gestión de Netanyahu. Su actuación en el conflicto ha recibido críticas, al igual que las acusaciones de que ha debilitado las instituciones democráticas. Antes de conocerse el recuento final, Netanyahu y miembros de su partido, el Likud, plantearon sospechas de injerencia extranjera que habría beneficiado a los partidos árabes; mencionaron a Qatar, que negó cualquier participación. La comisión electoral israelí comunicó que había trasladado sospechas de interferencia al servicio de inteligencia Shin Bet. Este señaló que la investigación no pretendía señalar a la comunidad árabe-israelí, y la comisión afirmó que las denuncias de vulneraciones sistemáticas de la integridad electoral carecían de fundamento. El resultado oficial aún debe certificarse y remitirse a Herzog el 4 de noviembre.


