Ana Christina relató haber vivido una experiencia de casi muerte tras un supuesto intento de envenenamiento atribuido al entonces marido, identificado como Sam, el 9 de enero de 2009 en los Estados Unidos. En una entrevista al canal NDE Journey en YouTube, ella explicó que perdió temporalmente los movimientos del cuerpo y, durante ese período, sintió que se reencontraba con su madre, su padre y su hermana, todos ya fallecidos.
En aquel momento, Ana tenía 49 años y había solicitado el divorcio el mes anterior. Según su versión, el excompañero habría añadido veneno para ratas en su cena. La mujer cree que el intento de matarla estaría relacionado con una póliza de seguro de vida de un millón de dólares (unos 930 000 €) que permanecía activa incluso después de la separación.
Al recordar el episodio, Ana contó que se quedó aturdida cuando advirtió que no podía moverse. Temió morir, pero afirmó que, durante el lapso en que estuvo inconsciente, vivió una experiencia que cambiaría para siempre su percepción de la muerte. “Llegué al otro lado y vi una figura luminosa. Y esa figura luminosa era mi madre. Ella estaba allí, esperando para recibirme”, relató.
La madre de Ana había fallecido un año antes del incidente. Aunque la figura no mostraba rasgos físicos reconocibles, la superviviente sintió con absoluta certeza que se trataba de ella. “No tenía facciones, era solo un cuerpo de luz. Pero mi alma la reconoció de inmediato. Me acerqué a ella. Había muerto un año antes de mi suceso”, añadió.
Durante esa experiencia, Ana también afirmó haber visto a su hermana Nadia, quien se quitó la vida a los 35 años. La evocación de Nadia llevó a la testigo a hablar de sus convicciones religiosas y de la nueva forma en que comprendió la muerte. “Siempre me pregunté dónde estaría. Nadia tenía un corazón hermoso, pero vivía en una profunda depresión, al punto de suicidarse. Tenemos un Padre celestial, que es tan compasivo y no nos juzga como nosotros nos juzgamos entre nosotros”, declaró.
Otro familiar que apareció fue su padre, fallecido en un accidente de coche cuando ella tenía 22 años. Según Ana, él se mostró junto a su madre, en un entorno descrito como un lugar de paz. “Corrí al pasillo donde estaba mi madre y la vi de pie junto a otra figura iluminada, que era mi padre. Él murió en un accidente cuando yo tenía 22 años y nunca superé esa pérdida. Verlo allí fue un gran alivio. La inmensa alegría de verlos en un sitio tan hermoso”, contó.
Al recobrar la conciencia, Ana buscó explicaciones médicas para lo sucedido. En un primer momento sospechó de un ataque cardíaco o de un accidente cerebrovascular, pero los exámenes cardiológicos y de imagen cerebral no revelaron ninguna alteración.
Frente a la falta de respuestas, su abogado recomendó un análisis forense de cabello. Según Ana, los resultados mostraron concentraciones elevadas de plomo, mercurio y selenio, lo que reforzó su sospecha de envenenamiento. “Todos esos químicos suelen encontrarse en veneno para ratas. Creemos que él puso ese veneno en mi arroz aquella noche para acabar conmigo, para evitar que fuese a Egipto, porque se estaba quedando sin tiempo”, afirmó.
En una entrevista al Daily Mail, Ana relató que Sam abandonó Estados Unidos tras su recuperación. También aseguró haber presentado denuncia ante la policía, pero que las acusaciones no llegaron a traducirse en un proceso penal. “Considero una bendición disfrazada que él huyera del país. Si hubiera cumplido condena por intento de homicidio… habría pasado unos diez años en la cárcel y luego estaría libre, quizá buscando venganza. Pero como escapó y está lejos, no tengo que preocuparme constantemente”, afirmó.
Ana explica que esta experiencia transformó su relación con la espiritualidad. La sensación de reencontrarse con sus familiares le aportó consuelo y redujo el miedo que sentía a la muerte. “No pensé: ‘Ah, ya estoy muerta’. No hubo final ni principio. No hubo oscuridad seguida de luz. Simplemente continué. Fue una sensación maravillosa. Algunas personas me preguntan qué parte de mi encuentro con Él (Dios) fue más significativa, y respondo que fue cuando me dijo que está presente en cada pequeño detalle de mi vida. Saberlo y vivir con esa conciencia ha sido una bendición increíble. Él es el espíritu de Dios; piénsalo como un ángel de la guarda. No estamos solos y tampoco morimos solos”, reflexionó.


