
Trump califica la retirada de tropas de EE. UU. en Irak como un “gran día” (Foto: Instagram)
En un comunicado difundido en sus redes sociales, Trump describió la retirada de las fuerzas estadounidenses del Iraque como un "gran día para los Estados Unidos". El expresidente quiso destacar el logro de completar una misión que, según él, servía a los intereses de la seguridad y la economía nacionales.
La presencia militar de Estados Unidos en el Iraque se remonta a la invasión de 2003, impulsada por la administración de George W. Bush bajo el argumento de la existencia de armas de destrucción masiva. A lo largo de casi dos décadas, la estrategia se dividió entre la fase de combate directo, el entrenamiento de fuerzas locales y la lucha contra grupos insurgentes como el Estado Islámico.
Tras la retirada inicial de 2011, las tropas estadounidenses regresaron en 2014 para apoyar al gobierno iraquí frente al avance yihadista. Desde entonces, el contingente había asumido principalmente funciones de asesoría, apoyo aéreo y formación de unidades locales. De manera progresiva, y en varias etapas, se había ido reduciendo el número de efectivos hasta culminar en la salida total que ahora celebra Trump.
La política exterior asociada a Trump, con su lema “America First”, planteaba el fin de “guerras interminables” en Oriente Medio. Con esta premisa, su administración impulsó acuerdos para trasladar responsabilidad de seguridad a las fuerzas iraquíes y promover una mayor inversión de países de la región. Según el exmandatario, la retirada refuerza la soberanía nacional y evita gastos que, en su opinión, no beneficiaban a la ciudadanía estadounidense.
En términos de geopolítica, el vacío dejado por la partida de las tropas de Estados Unidos plantea desafíos en la estabilidad del Iraque y en el equilibrio de poder regional. Actores como Irán mantienen influencia sobre ciertos grupos armados, mientras que las facciones prooccidentales deberán demostrar capacidad para garantizar la seguridad interna sin apoyo externo directo.
La salida también tiene repercusiones diplomáticas. Aliados de la OTAN habían colaborado con las fuerzas de Estados Unidos en misiones de entrenamiento, y ahora deben replantear su estrategia de asistencia. Paralelamente, el gobierno iraquí afronta la presión de reconfigurar su ejército y sus fuerzas de seguridad bajo una nueva hoja de ruta.
Con este anuncio, Trump reafirma su visión de reducir el gasto militar en el extranjero y centrar recursos en asuntos internos. La retirada completa del Iraque, después de casi veinte años de intervención, marca un hito en la historia de la política estadounidense en Oriente Medio.


