Una testigo clave en el caso que llevó a la detención del actor Marco Furlan, acusado de abusar sexualmente de un niño de cinco años durante una fiesta en Pindamonhangaba, en el interior de São Paulo, ofreció el pasado domingo (09) una versión totalmente distinta a la aportada por el propio artista ante las autoridades. En declaraciones al programa “Domingo Espetacular” de la cadena Record, la mujer sostuvo que el nivel de embriaguez que Furlan alegó no se correspondía con lo que ella observó aquella noche.
Según relató la testigo, ella se retiró a descansar antes que el resto de los invitados, ya que el evento continuaba con música y baile en la misma casa donde se celebraba el cumpleaños. Al no poder conciliar el sueño, escuchó de repente los gritos de dolor del menor y, casi inmediatamente después, el sonido de pasos apresurados hacia el lugar. Al incorporarse y acudir a la escena, la vio a él desplomado en el suelo, en una zona contigua al dormitorio donde estaban el niño y su madre.
Interpelada por el estado de Furlan en ese instante, la mujer fue contundente: “No estaba tan borracho como él dice”, afirmó en antena. El actor, detenido en flagrante delito, había declarado ante la Policía que confundió al menor con su propia novia debido a la supuesta intoxicación etílica.
Asimismo, la testigo relató que, a lo largo de la velada, el acusado profería constantes chistes de carácter sexual y, según la abogada de la familia de la víctima, Maria Fernanda Pereira Mituo, incluso llegó a tocar de forma inapropiada a varias mujeres presentes, intentando besarlas a la fuerza. Este tipo de conducta, aunque no necesariamente tipificada como delito específico en todos los ordenamientos jurídicos, puede constituir acoso o agresión sexual en presencia de terceros.
Según el testimonio proporcionado por la madre del niño, cuando los agentes de la Policía Militar irrumpieron en la casa, hallaron a Furlan y al menor desnudos en la misma cama, y el intérprete sujetaba la ropa interior de la víctima. Tras recibir la denuncia, los oficiales mantuvieron al acusado hasta la llegada de refuerzos y lo trasladaron a comisaría, mientras la madre del niño quedó visiblemente afectada y bajo tratamiento psicológico, al igual que su hijo.
La abogada de la familia confirmó además que el niño, diagnosticado con Trastorno del Espectro Autista (TEA), sufrió una regresión en su proceso terapéutico tras el incidente, presentando episodios de llanto y crisis de ansiedad. El TEA, según organizaciones especializadas en salud mental, requiere rutinas estables y apoyo constante; cualquier suceso traumático puede alterar de manera importante su estado emocional.
Un informe pericial emitido por el Instituto Médico Legal (IML) no detectó lesiones compatibles con violencia sexual, circunstancia que no descarta la apertura de una investigación penal por “estupro de vulnerável” conforme al artículo 217-A del Código Penal brasileño. Tras la audiencia de custodia, el magistrado decidió convertir la detención en flagrancia en prisión preventiva, medida cautelar que tiene como finalidad evitar la interferencia en el proceso judicial y preservar la integridad de la víctima.
En Brasil, la prisión preventiva puede decretarse sin límite de tiempo, siempre que persistan los fundamentos que la justificaron, como riesgo de fuga o de obstrucción de la justicia. Mientras el caso permanece bajo secreto de sumario –dada la participación de un menor–, los detalles de la investigación y las pruebas recabadas aún siguen resguardados por la Fiscalía.
La cobertura mediática en torno a la detención de Marco Furlan ha generado un amplio debate público sobre la protección de menores en actos sociales y la responsabilidad de los organizadores para garantizar entornos seguros. Asimismo, diversos abogados penalistas han señalado la importancia de la cadena de custodia de pruebas electrónicas y testimoniales para el correcto desarrollo del proceso.


