Los meses más fríos del año requieren una atención especial para la salud del corazón. Según el cardiólogo Fabrício da Silva, las bajas temperaturas provocan reacciones fisiológicas que sobrecargan el sistema cardiovascular y elevan el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular (ACV), especialmente en personas con factores de riesgo previos.
Con la llegada del frío, el médico destaca el fenómeno natural de la vasoconstricción. En términos simples, este mecanismo consiste en la contracción de los vasos sanguíneos para conservar el calor corporal. Sin embargo, esa respuesta puede generar molestias como hinchazón en las piernas y calambres. Cuando los vasos se estrechan, la presión arterial tiende a subir y el corazón debe esforzarse más para bombear la sangre.
“Al contraerse los vasos sanguíneos, se reduce la pérdida de calor, pero se incrementa la presión arterial y la carga de trabajo del corazón. En individuos predispuestos, esto puede derivar en eventos graves, como infarto y ACV”, explica Fabrício da Silva.
Datos del Instituto Nacional de Cardiología (INC) refuerzan la necesidad de extremar los cuidados en invierno. Según sus estadísticas, los casos de infarto pueden aumentar hasta un 30 % durante los meses fríos, mientras que los episodios de ACV registran un incremento de hasta el 20 % cuando las temperaturas descienden por debajo de los 14 °C.
El cardiólogo subraya además que la vigilancia debe comenzar en las primeras horas del día. Al despertar, el cuerpo experimenta un aumento natural de la actividad cardiovascular, y combinado con el frío matutino, esto puede ocasionar picos de presión arterial. “Especialmente entre las seis y las diez de la mañana, la actividad cardiovascular se acelera de forma fisiológica. Si además el ambiente es frío, el esfuerzo del corazón se intensifica. Por eso, los pacientes hipertensos o con historial de enfermedad cardíaca deben extremar las precauciones en ese tramo horario”, alerta.
Otro concepto importante es la hipertensión termossensible, condición en la que la presión arterial varía de manera más marcada con los cambios de temperatura. Los pacientes con este problema requieren un seguimiento médico constante y un control riguroso de la presión arterial para evitar complicaciones.
Aunque todos notan el efecto del frío, hay grupos que necesitan especial cuidado:
• Mayores de 65 años
• Fumadores
• Personas sedentarias
• Hipertensos
• Diabéticos
• Sujetos con colesterol elevado u obesidad
• Pacientes con antecedentes familiares de enfermedades cardiovasculares
“La prevención es la mejor estrategia: controlar la presión arterial, mantener niveles adecuados de colesterol y glucosa, dejar de fumar y llevar un estilo de vida saludable reduce notablemente el riesgo cardiovascular a lo largo de la vida”, insiste el especialista.
Quienes padecen insuficiencia cardíaca, arritmias o enfermedad arterial coronaria deben seguir al pie de la letra su tratamiento y acudir de forma regular a sus revisiones médicas.
El frío puede desincentivar la práctica de ejercicio, pero el cardiólogo remarca que mantenerse activo sigue siendo una de las defensas más eficaces contra las enfermedades del corazón. El educador físico Filipe Feijo aconseja una progresión adecuada: “Un calentamiento más prolongado es fundamental antes de realizar actividades intensas en invierno”. Asimismo, recomienda elegir horas más templadas del día o realizar la actividad en espacios cerrados y bien climatizados. El uso de ropa de abrigo apropiada ayuda a mantener la temperatura corporal estable y a reducir el riesgo de lesiones o complicaciones cardíacas.
Durante la temporada invernal, es preciso atender a las señales del organismo. Dolor en el pecho, falta de aliento, mareo, palpitaciones o sensación de desvanecimiento, sobre todo durante el esfuerzo físico, no deben ignorarse. “Estos síntomas pueden indicar un problema cardiovascular que requiere evaluación médica inmediata”, advierte Fabrício da Silva.
Para afrontar el frío con seguridad, el cardiólogo enumera algunas medidas esenciales:
1. Mantener el cuerpo bien abrigado, sobre todo al levantarse y al acostarse.
2. Seguir una dieta equilibrada, rica en frutas, verduras y granos enteros.
3. Mantener una correcta hidratación, incluso si no se siente tanta sed como en verano.
4. Cumplir estrictamente con el tratamiento farmacológico prescrito.
5. Realizar controles médicos periódicos, especialmente si se pertenece a alguno de los grupos de riesgo.
Comprender cómo actúa el sistema cardiovascular ante el frío y adoptar hábitos preventivos puede marcar la diferencia entre un invierno de cuidados mínimos y uno que comprometa seriamente la salud cardíaca. Atender las recomendaciones médicas y mantener un estilo de vida saludable son pasos clave para reducir la incidencia de infartos y ACV durante los meses más fríos.


