La británica Megan Dixon, de 21 años, pasó los últimos años enfrentando una serie de problemas de salud que han transformado por completo su vida. Tras perder la capacidad de andar a los 14 años y acumular diferentes diagnósticos con el paso del tiempo, los médicos llegaron a la conclusión de que la única alternativa viable para preservar su bienestar era la amputación de ambas piernas.
Según Megan, el momento más difícil de toda su trayectoria fue cuando le comunicaron que no había otra solución posible. “Lo más duro fue cuando me dijeron que la amputación era mi mejor y única opción”, declaró al Daily Mail, medio británico que recogió su testimonio.
Originaria de Cambridgeshire, Inglaterra, Megan comenzó a experimentar dificultades en la movilidad durante la adolescencia. En una primera etapa recibió el diagnóstico de encefalomielitis miálgica (EM), también conocida como síndrome de fatiga crónica, un trastorno neurológico crónico caracterizado por fatiga extrema, dolores musculares y falta de respuesta a los tratamientos convencionales. Esta condición, aunque poco comprendida en la práctica clínica habitual, afecta la comunicación entre el sistema inmune y el sistema nervioso, provocando síntomas persistentes que empeoran con la actividad física.
A pesar de someterse a múltiples terapias de rehabilitación, incluyendo sesiones intensivas de fisioterapia y terapias ocupacionales, el estado de sus piernas continuó deteriorándose hasta quedar completamente inmovilizadas. Posteriormente, durante una hospitalización en un centro pediátrico especializado, Megan recibió un nuevo diagnóstico: trastorno neurológico funcional (TNF), afección que altera la conexión entre el cerebro y el cuerpo, provocando síntomas motores y sensitivos sin evidencia de daño estructural en los nervios.
Con la progresión de la enfermedad, Megan llegó a perder funciones vitales de forma temporal, como la capacidad de hablar, la visión e incluso el movimiento del cuello hacia abajo. Durante esa fase crítica, debido a la imposibilidad de ingerir alimentos por vía oral, tuvo que ser alimentada mediante una sonda nasogástrica. “Sentía cómo mis piernas crujían de dolor y, sin embargo, muchos médicos atribuían mi sufrimiento a causas psicológicas. Era como gritar en silencio las veinticuatro horas del día”, relató.
A pesar de los esfuerzos de diversos especialistas a lo largo de varios años, nunca logró recuperar la marcha. Hoy sus rodillas presentan deformaciones permanentes: una permanece flexionada a unos 45 grados y la otra muestra daños similares que impiden cualquier movilidad normal. Tras consultar con múltiples cirujanos, finalmente encontró a un profesional dispuesto a valorar su caso y, tras realizar pruebas de imagen y exploraciones clínicas, se determinó que los tejidos y articulaciones habían sufrido lesiones irreversibles.
La intervención quirúrgica, programada para agosto, consistirá en la amputación bilateral por encima de las rodillas. Una vez concluido el procedimiento, Megan planea continuar con un riguroso programa de rehabilitación que incluirá fisioterapia adaptada, terapia ocupacional y entrenamiento en el uso de prótesis modernas. Las prótesis de última generación combinan materiales ligeros y microprocesadores en las articulaciones para ofrecer mayor estabilidad y movilidad al paciente.
Mientras se prepara para la operación, Megan ha lanzado una campaña de recaudación de fondos para financiar la compra de una silla de ruedas eléctrica y otros equipos de apoyo que le permitan ganar independencia tras la cirugía. En el Reino Unido, el sistema público de salud (NHS) suele cubrir intervenciones básicas, pero los dispositivos de alta tecnología y las adaptaciones personalizadas a menudo requieren aportaciones adicionales o donaciones de organizaciones benéficas.
Más allá del aspecto físico, Megan reconoce la importancia del apoyo psicológico y la red de acompañamiento familiar y de amigos. El afrontamiento de una amputación bilateral implica también un proceso de duelo corporal y la necesidad de adaptarse a una nueva realidad. Programas de apoyo y grupos de pacientes con condiciones similares desempeñan un papel fundamental en la mejora de la calidad de vida y la reintegración social de quienes atraviesan experiencias tan complejas.


