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Lula habría hecho algo sorprendente para que Trump atendiera su llamada

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Luiz Inácio Lula da Silva utilizó el teléfono móvil del empresario Joesley Batista para conversar directamente con el presidente Donald Trump antes de su viaje oficial a Estados Unidos. El contacto tuvo lugar en la víspera del Día del Trabajador, el 30 de abril, en el Palacio de la Alvorada, residencia oficial del mandatario brasileño en Brasilia, y habría sido decisivo para destrabar la agenda del encuentro bilateral en la Casa Blanca.

Según los relatos, Joesley Batista se encontraba de visita en el Palacio de la Alvorada cuando Lula le expuso las dificultades que enfrentaba el Gobierno de Brasil para obtener una confirmación formal de cita con Trump. Las negociaciones para una visita al Despacho Oval venían de largo: ya en diciembre de 2025 ambos presidentes mantuvieron un intercambio telefónico en el que discutieron tarifas comerciales, cooperación en seguridad y medidas conjuntas contra el crimen organizado. En aquel momento Lula había sugerido que el encuentro podría producirse en marzo, pero la agenda se vio postergada en medio de la escalada de tensiones en Oriente Medio que involucró a Irán y provocó un reajuste en las prioridades de la Casa Blanca.

Durante la conversación en el Alvorada, Joesley preguntó a Lula si podía llamar directamente al presidente de Estados Unidos. Lula accedió y, al no disponer de teléfono móvil propio, siguió la comunicación desde el despacho mientras Batista ejecutaba la llamada. La gestión privada, a través de un interlocutor empresarial, se produce en un contexto en el que la diplomacia suele priorizar canales formales con agendas publicadas de antemano.

De acuerdo con versiones atribuidas a Joesley, Trump atendió la llamada en el tercer timbrazo. Fue entonces cuando el presidente estadounidense accedió a abrir un espacio en su agenda para recibir a Lula en la Casa Blanca. Finalmente, el encuentro se materializó el jueves 7 de mayo, en una visita catalogada oficialmente como “agenda de trabajo” y no como “visita de jefe de Estado”, para subrayar el carácter técnico y económico de las negociaciones.

La relación entre Joesley Batista y Trump se reforzó en Estados Unidos a través de JBS, el grupo brasileño de carnes procesadas. Pilgrim’s Pride, subsidiaria de la compañía en EE. UU., fue señalada como la principal donante empresarial de la ceremonia de investidura de Trump, celebrada en enero de 2017. Pilgrim’s Pride opera varias plantas en Texas y Arkansas y suministra productos cárnicos para el mercado interno estadounidense y de exportación.

Según informaciones de la CNN, el telefonema entre Joesley y Trump no aparece en las agendas oficiales de ninguno de los dos presidentes, lo que ha generado debate sobre los límites entre la diplomacia protocolaria y el rol de los actores privados en la consecución de reuniones de alto nivel. Poco después de la llamada, los equipos de ceremonial de Brasil y Estados Unidos coordinaron los detalles de la visita de Lula, que incluyó reuniones con miembros del gabinete de la Casa Blanca, un almuerzo de trabajo y una declaración conjunta ante la prensa.

Ese mismo día, Joesley Batista estuvo en Washington con una agenda particular. La prensa local informó que el empresario sostuvo un encuentro privado con Trump antes de la llegada de Lula a la Casa Blanca, en el que, según fuentes cercanas, se abordaron varios temas de inversión y comercio bilateral.

El uso de llamadas directas entre presidentes ha sido tradicional en la diplomacia internacional, pero recurrir a intermediarios no oficiales resulta menos habitual en contactos de tan alto nivel. El caso reabre el debate sobre la transparencia de las comunicaciones presidenciales y la manera en que los asuntos de Estado pueden verse influidos por conversaciones informales en las que participan terceros.

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