
Un hombre camina entre tiendas de campaña dañadas en Gaza tras los combates (Foto: Instagram)
Un reciente informe elaborado de manera conjunta por la ONU y la União Europeia advierte de un colapso social y económico sin precedentes en Gaza tras la guerra entre Israel y Hamas. Según el documento, los efectos acumulados del conflicto han dejado a gran parte de la población sin acceso a servicios básicos, con graves repercusiones tanto en la calidad de vida diaria como en las perspectivas de recuperación a medio plazo.
El informe subraya que la infraestructura en Gaza ha sufrido daños generalizados: más del 60 % de las viviendas presentan destrucciones parciales o totales y alrededor del 70 % de las instalaciones de agua y saneamiento requieren reparaciones urgentes. Además, el sistema sanitario ha colapsado en gran medida, con hospitales sobrepasados y escasez de medicamentos esenciales. La economía local se ha hundido, reduciendo el producto interior bruto a niveles que no se habían registrado desde hace décadas.
Para entender la magnitud de la crisis, es necesario remontarse al estallido del enfrentamiento entre Israel y Hamas hace meses. Tras la intensificación de las operaciones militares, comenzaron los bombardeos masivos y los combates en zonas urbanas, lo que provocó desplazamientos masivos de población. El bloqueo de las fronteras y las restricciones a la importación de bienes esenciales han exacerbado la situación humanitaria, convirtiendo a Gaza en uno de los territorios más afectados en la actualidad.
En el plano social, el informe destaca el aumento de la pobreza y del desempleo: más del 80 % de las familias vive por debajo del umbral de pobreza, y sólo una minoría dispone de oportunidades laborales estables. El sistema educativo se ha visto interrumpido, dejando a numerosos menores sin escolarización regular, y se han registrado altos niveles de estrés y trastornos psicológicos entre la población desplazada. La pérdida de redes comunitarias y el deterioro de los servicios sociales agravan el sentimiento de inseguridad y desamparo.
En su conjunto, la dimensión económica muestra una caída drástica de la producción agrícola y comercial, la paralización de proyectos de reconstrucción y la desaceleración de cualquier iniciativa de inversión. En respuesta, la ONU y la União Europeia han instado a la comunidad internacional a reforzar las contribuciones financieras y logísticas destinadas a la reconstrucción de infraestructuras vitales y al sostenimiento de servicios esenciales. Entre las medidas propuestas figuran la movilización de fondos de emergencia, programas de empleo temporal y asistencia técnica para restablecer el suministro de energía y agua potable.


