La capacocha era uno de los rituales más sagrados del Imperio inca, que existió entre 1438 y 1533. En estas ceremonias se sacrificaba a niños y mujeres jóvenes como muestra de veneración a divinidades importantes. Según la tradición, las personas sacrificadas pasarían a actuar como intermediarias entre los vivos y el mundo divino. Un estudio de restos momificados ha identificado sustancias psicoactivas en los cuerpos de algunos de esos niños y mujeres.
La investigación, dirigida por la Universidad de Varsovia, en Polonia, se publicó este martes 3 de noviembre en la revista Antiquity. Los investigadores realizaron análisis toxicológicos de ocho momias halladas en montañas de Perú y Argentina. Para ello examinaron muestras de cabello y uñas, partes del cuerpo en las que pueden permanecer incorporadas sustancias químicas incluso mucho tiempo después de la muerte.
El objetivo del trabajo era localizar una variedad más amplia de sustancias psicoactivas y comprobar si los patrones de consumo podían aportar información sobre cómo se celebraban las ceremonias de capacocha en distintos lugares. «Queríamos identificar una variedad mayor de sustancias psicoactivas administradas a los niños y verificar si los patrones de uso podían aportar nuevas informaciones sobre cómo se realizaban las ceremonias de capacocha en diferentes lugares», explicó en un comunicado Dagmara Socha, autora principal del estudio.
Los resultados mostraron rastros de coca en las ocho momias analizadas. Los científicos consideran que las hojas de coca se masticaban con dos posibles propósitos relacionados con el ritual: favorecer las habilidades proféticas y reducir los efectos de la altitud y el cansancio. Estos últimos podían afectar a los niños durante las largas caminatas por las montañas hasta el lugar del sacrificio.
Además, cuatro de las momias presentaban indicios de consumo de alcohol. Los investigadores plantean que podría estar relacionado con la chicha, una bebida fermentada de maíz. Los registros históricos mencionados en el estudio señalan que la bebida ayudaba a adormecer los sentidos y a tranquilizar a los niños durante la etapa final del ritual.
Las muestras también contenían harmina, un alcaloide asociado a una de las principales plantas utilizadas en la preparación de la ayahuasca. Socha señaló que su presencia podría indicar que una bebida que contenía harmina cumplía una función específica en las ceremonias realizadas en esa montaña sagrada en particular. El hallazgo añade otra sustancia al conjunto de compuestos detectados en los restos.
La identificación de coca en todas las momias y de alcohol en cuatro de ellas muestra que las sustancias encontradas no eran idénticas en todos los casos. La presencia de harmina, por su parte, apunta a otra posible diferencia entre las ceremonias estudiadas. A partir de estos resultados, los arqueólogos concluyen que no existía un único patrón de uso de sustancias psicoactivas en los rituales de capacocha. La variedad detectada sugiere que las prácticas podían cambiar según el lugar donde se celebraba cada ceremonia.
El análisis de cabello y uñas permitió estudiar vestigios conservados en los restos y comparar las sustancias detectadas en las distintas momias. Así, el trabajo ofrece información sobre el consumo de coca, alcohol y harmina en el contexto de los sacrificios rituales incas, aunque los resultados descritos se refieren a las ocho momias examinadas. La investigación se centra en las sustancias identificadas y en las posibles funciones rituales o prácticas que les atribuyen los investigadores, sin presentar un patrón uniforme para todos los lugares.


