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CAFÚ DEFIENDE A NEYMAR, EXIGE A LA SELECCIÓN Y RECUERDA EL PENTACAMPEONATO; VÍDEO

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Cafu recuerda la imagen de levantar la Copa del Mundo tras el pentacampeonato de Brasil y habla de la responsabilidad que implica ser capitán. El exfutbolista, que creció en Jardim Irene, en la periferia de São Paulo, disputó tres finales consecutivas de la Copa del Mundo, ganó dos y fue capitán de la selección brasileña campeona en 2002. En una entrevista con Que Dia, repasó las derrotas y las victorias de su carrera, el liderazgo dentro del vestuario y el papel del fútbol en los proyectos sociales.

Cafu sostiene que Brasil siempre parte como favorito cuando juega un torneo oficial, aunque reconoce que el equipo puede no cumplir las expectativas. Sobre la eliminación en la última Copa, explicó que confiaba en el potencial del entrenador y de los jugadores, pero que el modo en que el equipo saltó al campo hizo que revisara parte de su percepción. También recordó que un torneo de este tipo puede deparar sorpresas.

Al comparar las derrotas de 1998 y 2006, dijo que perder una final no es lo mismo que caer en la fase de grupos o en las eliminatorias. La derrota, afirmó, duele, pero no debería pesar más que los triunfos. En su caso, la final perdida en 1998 dejó de ser una herida central después de ganar el Mundial de 2002. También recordó que volvió a ser campeón de Europa con el Milan en 2007, tras perder la final de la Liga de Campeones contra el Liverpool en 2005.

El ex capitán considera que la selección necesita recuperar el compromiso colectivo. Describió al equipo de 2002 como un grupo con personalidad, dedicación y responsabilidad compartida, donde los futbolistas trabajaban para que todos se sintieran importantes. Según explicó, Ronaldo y Rivaldo fueron decisivos en distintos partidos, pero otros compañeros también tuvieron un papel esencial. La idea, resumió, era que el equipo jugase para sus estrellas y que ellas lo hicieran para el conjunto, sin anteponer los logros individuales.

Cafu afirmó que no ha visto esa misma unión en las selecciones posteriores a 2002 y que los jugadores deberían celebrar los goles y los éxitos de sus compañeros. No atribuyó la falta de espíritu colectivo a los contratos elevados ni a las redes sociales: dijo que cada época tiene sus características. Lo que, a su juicio, importa es la conducta en el campo y la conciencia de representar a Brasil y a sus ciudadanos, no solo a una marca o a un patrocinador.

También defendió que la responsabilidad principal de una eliminación recae en quienes juegan. El entrenador puede equivocarse al elegir una alineación o hacer un cambio, pero, según Cafu, son los futbolistas quienes tienen que responder durante el partido. Calculó que alrededor del 80 % de la responsabilidad corresponde a los jugadores, porque son ellos quienes salen al campo.

Sobre Carlo Ancelotti, con quien trabajó durante cinco años, se mostró esperanzado. Considera que el nuevo ciclo ofrece tiempo para construir una base, establecer una forma de jugar y crear una identidad reconocible para titulares y suplentes. Añadió que los futbolistas veteranos pueden ayudar a los jóvenes a adaptarse y a generar un buen ambiente en el grupo.

Cafu defendió a Neymar y destacó sus registros con la selección, que calificó de incontestables. Dijo que el delantero fue importante hasta que se lesionó y que habría podido marcar diferencias si hubiera llegado en plenitud física. Además, sostuvo que Neymar pasó muchos años demasiado solo y que el equipo debía haberle protegido mejor para que pudiera centrarse en jugar. En su opinión, su compromiso con la selección siempre fue fuerte.

El liderazgo, explicó, no depende del brazalete, sino del ejemplo. Cafu llegaba antes a los entrenamientos, se quedaba después y procuraba hablar con todos. También distinguió entre un líder respetado y uno temido: el primero comparte la responsabilidad, corrige en privado y elogia delante del grupo. En cuanto al actual capitán, Marquinhos, dijo que tiene condiciones para asumir plenamente ese papel y convertirse en una referencia para sus compañeros.

El exfutbolista recordó que, antes de llegar al fútbol profesional, fue rechazado nueve veces en pruebas. Atribuye a su padre el aprendizaje de que debía superar los obstáculos y no rendirse ante una negativa. En 1994, tras entrenarse durante 32 días esperando una oportunidad, entró en la final en sustitución de Jorginho. Para Cafu, esa experiencia muestra por qué hay que estar preparado aunque no se sepa cuándo llegará la ocasión.

Su trabajo social, explicó, busca ofrecer oportunidades y formar ciudadanos, no solo futbolistas. Durante 16 años, la Fundación Cafu, en Jardim Irene, impartió actividades y formación en ámbitos como el refuerzo escolar, la informática, el inglés, la música y distintos deportes. También habló de iniciativas en el sertón brasileño y en Mozambique, donde se han desarrollado proyectos de apoyo a niños, incluido el acceso a alimentos y a agua potable mediante la construcción de pozos.

Cafu considera que el deporte sigue siendo una herramienta de inclusión: puede acercar a personas de distintos orígenes y enseñar disciplina, convivencia y respeto por el rival. También defendió la importancia de aceptar la derrota y reconocer el mérito del adversario. Recordó que, en 1998, Francia fue mejor que Brasil en la final y que, en otro partido, Noruega superó a la selección brasileña. «No vamos a ganar siempre», señaló al resumir esa idea.

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