
Flávio Bolsonaro llegó a Estados Unidos pese a una decisión judicial brasileña que le impedía salir del país, en un momento de tensión entre Brasilia y Washington. (Foto: Instagram)
El Gobierno de Brasil y el Ministerio de Relaciones Exteriores apuestan por la cautela tras la llegada de Flávio Bolsonaro a Estados Unidos y defienden que el caso no se politice. La salida del senador, que se produjo después de que Luiz Inácio Lula da Silva fuera reelegido para un cuarto mandato, ha añadido tensión a una relación bilateral ya deteriorada. Las autoridades brasileñas evitarían, por ahora, reaccionar contra el Ejecutivo estadounidense y plantean abordar la situación desde el punto de vista judicial.
Flávio Bolsonaro llegó a Estados Unidos el miércoles 28 de octubre, tras abandonar Brasil pese a que una decisión del juez Alexandre de Moraes, del Tribunal Supremo Federal, le impedía salir del país. La medida se adoptó después de que la Policía Federal advirtiera del riesgo de que el senador huyera. Según la información publicada, la devolución de sus pasaportes había sido solicitada tras las elecciones, pero no se llevó a cabo y Bolsonaro salió de Brasil con un pasaporte italiano.
El senador está siendo investigado por la Policía Federal en tres procedimientos distintos, por sospechas de blanqueo de capitales y evasión de divisas. La llegada a territorio estadounidense se produjo después de que la Casa Blanca afirmara que el Departamento de Estado facilitaría visados a Flávio Bolsonaro y a su familia para que pudieran entrar y permanecer en el país. Allí vive también su hermano Eduardo Bolsonaro, exdiputado federal. La decisión estadounidense se interpreta como un nuevo gesto de apoyo al entorno de la familia Bolsonaro.
Fuentes diplomáticas brasileñas consultadas bajo condición de anonimato consideran que el asunto corresponde exclusivamente al Poder Judicial y sostienen que el Ejecutivo y la diplomacia no deben intervenir, como, según ellas, ha ocurrido en otros casos de personas buscadas por la Justicia brasileña. Por ese motivo, el Ministerio de Relaciones Exteriores observaría los acontecimientos con prudencia y evitaría, al menos de momento, alimentar un enfrentamiento con Washington.
Eduardo Bolsonaro es uno de los precedentes citados por esas fuentes. Fue condenado a cuatro años y seis meses de prisión por coacción durante un proceso judicial, después de promover sanciones estadounidenses contra autoridades brasileñas. El exdiputado reside en Estados Unidos desde febrero del año pasado, cuando dejó su escaño en la Cámara de Diputados. La presencia de Flávio en el país podría, además, reforzar la capacidad de la oposición brasileña para organizarse desde territorio estadounidense.
El episodio se suma a las fricciones entre ambos países por los aranceles impuestos por Estados Unidos y por las acusaciones de Donald Trump, que no han sido probadas, de que las elecciones brasileñas de este año fueron fraudulentas. Personas próximas a Lula consideran que la relación con Washington será uno de los principales desafíos de su cuarto mandato, en parte porque Brasil es uno de los pocos países latinoamericanos gobernados por la izquierda.
En el Palacio de Planalto también preocupa la coordinación entre la familia Bolsonaro y autoridades de la Casa Blanca, en particular con el Departamento de Estado. Aunque miembros del Gobierno consideran que Lula y Trump mantienen una relación positiva, valoran como hostil hacia el presidente brasileño la política del Departamento de Estado dirigido por Marco Rubio. La permanencia de Flávio Bolsonaro en Estados Unidos se produce, así, en un contexto de tensiones políticas y diplomáticas entre ambos gobiernos.


