
El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva saluda efusivamente a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. (Foto: Instagram)
Claudia Sheinbaum, presidenta de México, declaró el 5 de octubre en Ciudad de México que es fundamental esperar al segundo turno de las elecciones presidenciales de Brasil antes de valorar el desenlace de la contienda. Según la mandataria, los comicios deben analizarse una vez concluida esta etapa para evitar conclusiones prematuras.
Sin embargo, al ser preguntada sobre las denuncias que apuntan a una posible intervención de Estados Unidos a favor del senador Flávio Bolsonaro (PL-RJ), Sheinbaum afirmó con claridad: “La derecha internacional, sí, quiere interferir. Hemos denunciado esto”. Con esa frase, advirtió de la intromisión externa en el proceso electoral de la principal economía de América Latina.
La advertencia de la mandataria mexicana tuvo lugar durante su conferencia de prensa matutina, conocida como “Mañanera”, apenas un día después de que Flávio Bolsonaro finalizara el primer turno por delante del presidente Luiz Inácio Lula da Silva (PT) y se clasificara para la segunda vuelta. Este resultado sorprendió a muchos analistas que daban por segura la victoria de Lula en la primera ronda.
El señalamiento de posibles injerencias internacionales coincidió con la declaración del presidente del Tribunal Superior Electoral (TSE) de Brasil, Kassio Nunes Marques, quien aseguró que no existía “ningún indicio” de interferencia extranjera en los comicios del 4 de octubre. En su opinión, los informes emitidos por el propio TSE, por la Policía Federal (PF) y por la Agencia Brasileña de Inteligencia (Abin) descartaban amenazas contra la legitimidad del voto.
El debate se alimentó además el mismo domingo, cuando Estados Unidos y Australia anunciaron la suspensión temporal de sus servicios consulares en Brasil por motivos de seguridad. Ese día, el director general de la PF, Andrei Rodrigues, confirmó la apertura de una investigación oficial para determinar si había evidencias de intervención norteamericana en el desarrollo de la elección.
Pese a su alerta sobre el riesgo de interferencia externa, Sheinbaum evitó pronunciarse a favor o en contra de la disputa entre Lula y Flávio Bolsonaro. En la rueda de prensa también le cuestionaron sobre el avance de la derecha en varios países de la región y sobre si el perfil del electorado latinoamericano estaba virando hacia opciones conservadoras.
Al respecto, la presidenta mexicana se negó a analizar las realidades políticas de otras naciones: “No puedo opinar sobre Brasil, ni Bolivia, ni Argentina. Puedo opinar sobre México”, respondió Sheinbaum, subrayando su intención de respetar la soberanía y los procesos democráticos en el extranjero.
Posteriormente, Sheinbaum desarrolló su propia crítica al conservadurismo, al que describió como una corriente que “no defiende los intereses de la población” y que se asocia con poderosos sectores económicos, prácticas racistas y desigualdad social. La mandataria señaló que estos grupos priorizan privilegios de élites sobre el bienestar colectivo.
Por último, vinculó a la derecha con tendencias autoritarias y violentas, estableciendo un paralelismo con el porfiriato, la larga etapa del gobierno de Porfirio Díaz en México caracterizada por la represión y la concentración de poder. Con ello, la presidenta insistió en la necesidad de fortalecer las instituciones democráticas para contrarrestar cualquier intento de injerencia interna o externa.


