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El desarme de grupos en Iraque forma parte del acuerdo con los EUA para la retirada de tropas

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Modelos de drones y arsenales apilados en un almacén durante los preparativos para el desarme de facciones armadas en Irak. (Foto: Instagram)

El desarme de grupos armados en Iraque es una medida clave incluida en el acuerdo negociado con los EUA para facilitar el repliegue progresivo de las tropas norteamericanas del país. Según lo pactado, las facciones no estatales deberán entregar sus arsenales y desmantelar sus estructuras militares como condición previa a la salida definitiva de los uniformados de combate de las fuerzas estadounidenses. Esta disposición busca preservar un mínimo de seguridad interna y reducir el riesgo de vacío de poder tras la partida de los contingentes extranjeros.

La presencia militar de los EUA en Iraque se remonta a los años posteriores a la invasión de 2003, cuando se desplegaron tropas con el objetivo de derrocar al régimen de Saddam Hussein y, más tarde, para combatir al Estado Islámico. Con el tiempo, y tras la desarticulación del califato, ambas partes entablaron conversaciones formales a fin de redefinir la misión norteamericana y determinar un cronograma de retirada. En ese contexto, el desarme de grupos armados se convirtió en un punto esencial para garantizar que las milicias locales no aprovechen el repliegue para retomar el uso de la violencia.

El texto del pacto establece mecanismos de supervisión conjunta: equipos mixtos de representantes iraquíes y de los EUA se encargarán de verificar la entrega de armamento ligero y pesado por parte de las organizaciones señaladas. Estas inspecciones se realizarán en puntos acordados y contarán con observadores internacionales, de modo que se certifiquen pasos concretos antes de cada fase de la retirada escalonada. Asimismo, el calendario prevé hitos claros que vinculan el desarme al traslado de bases y buques de apoyo, de modo que ningún repliegue significativo ocurra sin el desmantelamiento efectivo de las capacidades ofensivas de los grupos.

Entre los objetivos declarados de este acuerdo figura el fortalecimiento del control del Gobierno de Irak sobre todo el territorio, evitando que grupos irregulares se apropien de zonas estratégicas o infraestructuras críticas. Las autoridades iraquíes han insistido en que, una vez culminado el desarme y marchado los EUA, el Ejército nacional asumirá plenamente la seguridad interna, contando con asistencia en materia de entrenamiento y equipamiento asegurada en el propio documento. De este modo, se pretende impedir que los espacios liberados se conviertan en refugio para redes terroristas o milicias extranjeras.

Este acuerdo marca un hito en las relaciones entre Iraque y los EUA, ya que refleja la voluntad de ambas partes de avanzar hacia una nueva etapa de soberanía iraquí y cooperación equilibrada. El éxito del desarme dependerá, en gran medida, de la voluntad de los grupos armados para respetar los compromisos y de la capacidad de supervisión que desplieguen las autoridades. A largo plazo, se espera que la retirada de tropas norteamericanas contribuya a estabilizar la región y a redefinir el papel de Washington como aliado estratégico, más vinculado a la asistencia técnica y menos a la presencia militar directa.

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