
El menor atacado por perros en una playa de Bahamas, ya fuera de peligro tras recibir atención médica (Foto: Instagram)
Un niño jugaba en una playa de Bahamas cuando fue atacado por una manada de perros, y el tutor de los animales responderá ante la Justicia por el caso. El suceso ha vuelto a poner el foco en las medidas de seguridad y la responsabilidad de los propietarios de animales en zonas de baño y esparcimiento.
Según el relato de testigos, el menor se encontraba jugando junto al agua recogiendo conchas y pequeñas rocas cuando varios perros se abalanzaron de forma inesperada. El ataque causó múltiples heridas de mordeduras en piernas y brazos, por lo que la familia del afectado solicitó atención médica inmediata. El niño fue trasladado a un centro sanitario cercano, donde recibió diversos puntos de sutura y tratamiento para prevenir infecciones.
En el momento de producirse los hechos, los animales corrían en libertad por la arena sin supervisión, algo que contraviene las normativas locales de Bahamas. En muchas islas de este archipiélago caribeño, la presencia de perros sueltos en playas está estrictamente regulada o directamente prohibida para garantizar la seguridad de residentes y turistas. El tutor de los animales, a quien se le atribuye la guarda y custodia de los perros, tendrá que demostrar en qué condiciones los tenía y por qué no adoptó medidas de contención efectivas.
Responder ante la Justicia implica que el tutor de los animales se enfrenta a posibles cargos tanto en el ámbito civil como penal. En el plano civil, podría tener que hacerse cargo de los gastos médicos y de rehabilitación del niño, así como indemnizar por el daño físico y moral. En el terreno penal, si se acredita que actuó con negligencia, se le podría imputar un delito de lesiones por imprudencia, que en Bahamas conlleva sanciones económicas y, en casos graves, penas de privación de libertad.
Las mordeduras de perros son más frecuentes de lo que parece: a nivel global, centenares de miles de personas requieren atención cada año. Además del riesgo inmediato de laceraciones y hemorragias, existen complicaciones por posibles infecciones bacterianas, como la pasteurelosis, o la transmisión de virus como el de la rabia en territorios donde todavía es endémico. Por ello, las autoridades insisten en reforzar campañas de vacunación canina y en educar a los propietarios sobre la tenencia responsable.
Este incidente en Bahamas recuerda incidentes similares en otras playas turísticas, donde la combinación de animales sueltos y ambientes concurridos ha derivado en accidentes y, en ocasiones, en tragedias. Expertos en comportamiento animal recomiendan limitar el número de perros que pueda llevar cada persona a zonas de baño y, de forma inexorable, tenerlos siempre sujetos con correa y, cuando sea necesario, con bozal.
El caso sigue en fase de investigación judicial mientras los agentes recaban declaraciones de los testigos y reúnen informes veterinarios. Hasta que no se cierre el procedimiento, el tutor de los animales mantendrá la presunción de inocencia. De todos modos, la familia afectada reclama que se tomen medidas disuasorias contundentes para evitar que un suceso así se repita, y que se apliquen sanciones ejemplares en caso de que se confirme la negligencia.


