Los Emiratos Árabes Unidos han acusado formalmente a Irán de haber atacado dos de sus navíos en el Estrecho de Ormuz, un incidente que, según el Ministerio de Defensa de los Emiratos, se produjo el lunes 13 de julio y dejó un muerto y ocho heridos.
De acuerdo con el comunicado oficial emitido por el Ministerio de Defensa de los Emiratos Árabes Unidos, las dos embarcaciones, identificadas como Mobasa y Bahia, fueron alcanzadas por misiles de crucero lanzados desde territorio iraní. Estos buques, dedicados al transporte de combustibles, sufrieron daños materiales significativos tras el impacto y el posterior incendio, aunque los equipos de emergencia lograron controlar las llamas en ambas unidades.
El ataque provocó la muerte de un tripulante de nacionalidad india que viajaba a bordo del petrolero Mobasa, mientras que otros seis trabajadores indios y dos ciudadanos ucranianos resultaron heridos. Las operaciones de rescate y evacuación se llevaron a cabo con celeridad, y los afectados fueron trasladados a instalaciones médicas en los Emiratos para recibir tratamiento.
Hasta el momento de publicarse esta información, el Gobierno iraní no ha ofrecido ninguna declaración oficial en respuesta a las acusaciones de Abu Dabi. El hecho se produce en un contexto de creciente tensión entre Irán y Estados Unidos, que ha derivado en una serie de incidentes en la región del Golfo Pérsico.
El Estrecho de Ormuz, donde tuvo lugar el ataque, es uno de los pasos marítimos más estratégicos del mundo: por ahí discurre aproximadamente el 20 % del petróleo comercializado globalmente. Cada día atraviesan esta angosta vía cientos de buques petroleros y cargueros, lo que convierte su seguridad en una prioridad para países productores y consumidores de energía. La vulnerabilidad de este estrecho ha sido objeto de numerosos incidentes y cierres temporales a lo largo de las últimas décadas.
En las últimas semanas, las hostilidades entre Irán y Estados Unidos se reavivaron tras el fin de un alto el fuego inicial pactado a finales de junio. Aquel acuerdo contemplaba la reapertura del Estrecho de Ormuz, la paralización de ataques mutuos y el inicio de negociaciones hacia un tratado de paz definitivo. Sin embargo, el pasado 7 de julio ambos países retomaron las acciones militares tras acusaciones cruzadas: Washington acusó a Teherán de atacar buques del Catar en la misma zona, lo que llevó al Comando Central de los Estados Unidos (Centcom) a reforzar su presencia naval y aérea en el Golfo Pérsico. Irán, por su parte, respondió con bombardeos selectivos contra posiciones estadounidenses ubicadas en países vecinos como Kuwait, Jordanía, Baréin y los propios Emiratos Árabes Unidos.
El memorando de entendimiento firmado al cierre de junio incluía, además de la reapertura de Ormuz, el levantamiento progresivo de sanciones estadounidenses a cambio de una tregua duradera. No obstante, ninguna de las partes ha cumplido plenamente con los compromisos pactados, lo que ha dejado el futuro del acuerdo en una situación de total incertidumbre.
Los misiles de crucero, arma empleada en el supuesto ataque, son proyectiles guiados que pueden volar a baja altura sobre la superficie del mar, lo que dificulta su detección por los sistemas de defensa antiaérea. Este tipo de armamento es apreciado por su precisión y su capacidad de evadir radares, lo que plantea un desafío adicional para la seguridad marítima en aguas tan transitadas como las del Estrecho de Ormuz.
El incidente de este 13 de julio pone de nuevo en cuestión la estabilidad en una región de vital importancia económica y geopolítica. Mientras los Emiratos Árabes Unidos buscan respaldo internacional para condenar la acción y exigir responsabilidades, la comunidad global observa con preocupación el riesgo de una escalada que podría afectar al suministro energético y a la libre navegación en uno de los puntos más críticos del comercio mundial.


