Cocinar o preparar infusiones con hierbas frescas intensifica el sabor de los platos y bebidas. Por eso, es esencial saber almacenarlas adecuadamente para prolongar su vida útil y mantener intactas sus propiedades aromáticas y nutricionales. Las hierbas frescas aportan compuestos antioxidantes, vitaminas y aceites esenciales que pueden degradarse con rapidez si no se protegen del oxígeno, la luz o las temperaturas extremas.
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Según el nutricionista Diego Righi, lo ideal es tratar las hierbas como “ramos” o envolverlas en papel ligeramente húmedo, dependiendo del tipo de hierba. A continuación, se detallan los consejos y principios básicos para conservar distintos grupos de hierbas, acompañados de explicaciones técnicas sobre por qué funcionan estos métodos.
¿Por qué se estropean las hierbas frescas?
Cada hierba contiene agua en su interior y aceites volátiles responsables de su aroma. Al exponerlas al calor o al frío extremo, se rompe la pared celular y los aceites se oxidan o evaporan. El exceso de humedad favorece la aparición de moho, mientras que la deshidratación hace que se marchiten y pierdan textura. El objetivo es mantener un equilibrio: poca luz, temperatura moderada y humedad controlada.
SALSINHA, CILANTRO, CEBOLLINO Y HIERBABUENA
1. Lavar únicamente si presentan suciedad visible.
2. Secar cuidadosamente con papel absorbente o en una centrífuga de ensaladas.
3. Cortar la base de los tallos para facilitar la absorción de agua.
4. Introducir los tallos en un vaso con 2–3 cm de agua limpia.
5. Cubrir ligeramente con una bolsa de plástico perforada para permitir la circulación de aire.
6. Conservar en el frigorífico, preferiblemente en el cajón de verduras.
7. Cambiar el agua cada 2 días para evitar la proliferación de bacterias.
Duración media: entre 7 y 14 días, según la variedad.
El cilantro y el cebollino aportan clorofila y minerales como el hierro, mientras que la hierbabuena contiene mentol, un compuesto con efectos digestivos. Con este sistema, se ralentiza la degradación de clorofila y se preservan los aceites volátiles.
MANZANILLA
1. No refrigerar para evitar que las hojas se oscurezcan con el frío.
2. Colocar los tallos en un recipiente con agua.
3. Mantener a temperatura ambiente, lejos de la luz solar directa.
4. Cambiar el agua cada 24–48 horas.
Duración media: de 5 a 7 días.
El manjericão (albahaca) es muy sensible a temperaturas bajas porque sus células se enfrían y se vuelven translúcidas. Guardarlo a temperatura ambiente conserva su color verde vivo y su aroma dulce.
ROMERO, TOMILLO, ORÉGANO Y SALVIA
1. No lavar antes de almacenar para evitar humedad excesiva.
2. Envolver ligeramente en papel de cocina húmedo.
3. Guardar en un recipiente hermético o en una bolsa con pequeños orificios.
4. Conservar en el frigorífico.
Duración media: entre 10 y 21 días.
Estas hierbas de origen mediterráneo tienen aceites esenciales que se liberan lentamente. El papel húmedo evita que el aire reseque el follaje y que se acumule agua en exceso.
Aspectos técnicos y recomendaciones adicionales
• Temperatura idónea: entre 2 ºC y 4 ºC en neveras domésticas.
• Humedad relativa: alrededor del 85 % en el cajón de verduras ayuda a mantener la turgencia.
• Evitar contenedores completamente herméticos con exceso de condensación; las pequeñas ranuras permiten la circulación de aire.
• Para conservar hierbas por varios meses, se pueden picar y congelar en cubiteras con aceite de oliva o con agua. Este método es especialmente útil para guisos, salsas, sopas y sofritos, ya que los cubitos liberan los compuestos en el plato caliente.
• Otra opción es deshidratar ligeramente las hierbas al aire libre, en un lugar seco y sombreado, hasta que las hojas se vuelvan quebradizas. Luego, guardarlas en frascos herméticos en un lugar fresco y oscuro.
Las hierbas frescas han formado parte de la cocina y la medicina tradicional desde civilizaciones como la egipcia o la romana, que valoraban sus propiedades conservantes y aromáticas. Aplicar estos consejos permitirá prolongar su uso en la dieta diaria, aprovechando al máximo sus beneficios para la digestión, la microbiota intestinal y el aporte de micronutrientes.


