
Rescatistas organizan la recogida y clasificación de cadáveres bajo estrictos protocolos. (Foto: Instagram)
Los registros del incidente ponen de manifiesto la presencia continua de equipos de rescate y profesionales de la salud en el lugar de la emergencia, encargados de la recogida y organización de los cuerpos. Estas imágenes, capturadas durante las primeras horas tras el suceso, muestran cómo los equipos establecen zonas de trabajo seguras y proceden con métodos estandarizados para garantizar la trazabilidad de cada víctima. La rapidez y coordinación entre grupos especializados resultan fundamentales para gestionar adecuadamente la escena y respetar los protocolos de protección sanitaria.
Las labores de los equipos de rescate comienzan con la delimitación del perímetro afectado y la identificación de puntos con posibles víctimas. Su primera tarea consiste en evaluar el estado estructural del entorno para evitar posibles derrumbes o riesgos adicionales. Posteriormente, utilizan técnicas de búsqueda manual y con dispositivos electrónicos, como cámaras térmicas y detectores de movimiento, para localizar a personas atrapadas. Una vez hallados los cuerpos, los operativos aplican procedimientos de estabilización inicial y los preparan para su traslado al área de clasificación.
Mientras tanto, los profesionales de la salud asumen la tarea de confirmar la ausencia de signos vitales y documentar cada caso. Equipados con material de protección individual —mascarillas, guantes, batas y gafas—, siguen rigurosos protocolos de bioseguridad para prevenir contagios y contaminación cruzada. Este personal realiza evaluaciones preliminares y coordina el acceso de técnicos forenses, asegurando que los restos se mantienen adecuadamente preservados y que se recogen datos esenciales para su posterior identificación.
La organización de los cuerpos implica un proceso sistemático de etiquetado y registro. Cada cadáver recibe un código único, acompañado de notas detalladas sobre su ubicación y estado físico. Este método permite seguir la cadena de custodia y facilita el trabajo de médicos forenses, antropólogos y personal de servicios funerarios. Los cuerpos son colocados en bolsas o féretros provisionales, siempre respetando la dignidad de las víctimas y las normas legales vigentes en materia de gestión de fallecidos.
La coordinación interinstitucional entre bomberos, policía, sanidad y servicios forenses es clave para optimizar recursos y minimizar retrasos. Además de la logística material, se presta atención a la estructura de mando unificado, que define roles y responsabilidades en cada fase de la operación. Aunque la situación resulte extremadamente delicada, la aplicación de estándares internacionales y la formación continua de los equipos contribuyen a que estos procedimientos se desarrollen con el máximo respeto a las víctimas y al cumplimiento de criterios éticos y legales.


