El billete que casi valió 180 millones de euros (Foto: Instagram)
Ganar la lotería es uno de esos sueños que parecen imposibles: saldar deudas, adquirir la casa de tus sueños, viajar sin preocuparte por las finanzas, cambiar de coche y quizá no volver a trabajar nunca más. Para Rachel Kennedy y Liam McCrohan, ese sueño casi se hizo realidad.
Los dos eran universitarios en el Reino Unido cuando protagonizaron una de las historias más tristes relacionadas con EuroMillions. Rachel estudiaba Administración y Liam Economía. Como muchos apostantes, seguían la misma rutina: jugaban siempre con la misma combinación de números, semana tras semana, en varios sorteos consecutivos.
Hasta que, en una noche aparentemente normal, Rachel abrió la aplicación de la National Lottery y vio algo que disparó su corazón. La pantalla mostraba las palabras “Winning Match”, es decir, una combinación ganadora.
“Entré en la aplicación y ponía ‘Winning Match’, así que pensé: ‘¡Dios mío, he ganado!’”, relató Rachel más tarde.
Ella llamó a Liam y a su madre para que comprobaran la pantalla. Todos miraron los números, los cotejaron con los premiados y no daban crédito. No era un premio cualquiera: el bote ascendía a aproximadamente 182 millones de libras esterlinas, lo que equivale a unos 210 millones de euros.
La euforia antes del desengaño
Durante unos instantes, Rachel y Liam vivieron como nuevos millonarios. Aún no tenían el dinero en la cuenta, pero sentían que su vida había cambiado para siempre. Para dos jóvenes universitarios, aquella cifra resultaba casi inabarcable en una conversación cotidiana.
Sin embargo, la emoción duró muy poco. Rachel decidió llamar al operador de la lotería para confirmar el premio. Esperaba felicitarse, pero le dieron una noticia que transformó la celebración en un duro golpe.
“Llamé pensando que había ganado 210 millones de euros y me dijeron: ‘Sí, tienes los números correctos, pero no había fondos en tu cuenta para pagar la apuesta’”, explicó.
La combinación era la correcta. El problema era que el billete nunca se había comprado de forma oficial.
Según los informes, la cuenta de Rachel estaba configurada para adquirir apuestas automáticas con la misma secuencia de números. Sin embargo, cuando tocaba procesar el pago antes del sorteo, no había saldo suficiente y la transacción falló. Sin pago, ningún billete válido fue emitido. En la práctica, no habían participado en aquel sorteo.
“Estaba en la cima del mundo cuando pensé que había ganado”, dijo Rachel. “Pero cuando descubrí que no había ganado de verdad, Liam se deprimió aún más que yo.”
Liam admitió que ya había gastado el supuesto premio mentalmente. “Ella estaba tranquila, pero yo ya me había ido de excursión comprando la casa perfecta y el coche soñado”, explicó. “Me quedé absolutamente destrozado cuando escuchamos al hombre al teléfono decir que, de hecho, no habíamos comprado el billete.”
El caso viral en las redes
Tras hacerse pública la historia, la reacción fue inmediata. Muchos calificaron el episodio como una de las “casi victorias” más dolorosas de la historia de las loterías. Otros confesaron que tras leer el caso corrieron a comprobar si sus propias suscripciones automáticas tenían pago al día.
Liam llegó a publicar sobre lo ocurrido en sus redes sociales. “Cuando tu chica decide no jugar en EuroMillions… y aparecen los 7 números suyos”, escribió.
La publicación llamó la atención en poco tiempo. Algunos mostraron solidaridad, mientras que otros bromearon diciendo que nunca se recuperarían de algo así. Para muchos, sería menos duro no saber nunca que los números coincidieron que descubrir que la fortuna rozó los dedos sin un billete válido para sostenerla.
Rachel, por su parte, confesó sentirse demasiado avergonzada para comentar públicamente lo sucedido. “Tenía tanta vergüenza que no pude publicar nada al respecto”, admitió.
El caso abrió además un debate sobre las apuestas automáticas, los pagos recurrentes y cómo un detalle aparentemente menor puede cambiar por completo una historia. En esta ocasión, la diferencia entre convertirse en multimillonario y no llevarse nada fue simplemente una falta de saldo.


