
La preferencia humana por la mano derecha es tan común que muchas veces pasa desapercibida. La mayoría de las personas escribe, corta alimentos, abre puertas, sujeta herramientas y realiza tareas delicadas usando la mano derecha, mientras que una minoría, como Jimi Hendrix con su guitarra al revés, sigue la vía de los zurdos. Sin embargo, esta asimetría no es solo una peculiaridad cotidiana; podría estar relacionada con dos aspectos fundamentales de nuestra evolución: el bipedalismo y el desarrollo de cerebros de mayor tamaño.
Un estudio publicado en la revista PLOS Biology examinó datos de 2.025 monos y grandes primates de 41 especies distintas. El objetivo fue comparar hasta qué punto otros primates también muestran preferencia por un lado del cuerpo, un fenómeno conocido como lateralización. Algunas especies, como los monos araña y los langures, exhiben niveles relativamente elevados de este comportamiento, pero nada tan marcado como lo que se observa en los humanos.
Según los investigadores, nuestra especie representa una excepción evolutiva. Considerando nuestra posición en el árbol de los primates, no se esperaría que tuviéramos una preferencia manual tan pronunciada. Sin embargo, la dependencia humana de una mano dominante, especialmente la derecha, es mucho más evidente que en nuestros parientes evolutivos.
El papel de andar sobre dos piernas
La explicación comienza con un cambio significativo en el cuerpo de nuestros antepasados. Cuando los primeros homínidos empezaron a caminar erguidos, las manos dejaron de usarse principalmente para la locomoción. Quedaron libres para otras funciones: transportar objetos, fabricar herramientas, manipular alimentos, comunicarse mediante gestos y realizar movimientos cada vez más precisos.
Esta libertad abrió un nuevo campo de posibilidades. Si una mano se especializaba en tareas delicadas, como golpear, cortar, sujetar o moldear objetos, esa división aportaba una ventaja evolutiva. En lugar de que ambas manos realizaran exactamente la misma función, una podía asumir el papel principal mientras la otra auxiliaba.
Los investigadores también analizaron la proporción entre brazos y piernas, conocida como índice intermembral. Los humanos poseen piernas largas en relación con los brazos, algo asociado al bipedalismo. Esta característica nos diferencia de los primates de brazos largos, adaptados a desplazarse entre ramas. Cuando este factor se incluyó en los modelos, la peculiaridad de la preferencia humana por la mano derecha dejó de parecer tan enigmática.
Cerebros más grandes y manos especializadas
El segundo elemento crucial fue el aumento del cerebro. A medida que el volumen cerebral creció a lo largo de la evolución humana, aumentó también la especialización entre los hemisferios cerebrales. Esta reorganización pudo hacer ciertos comportamientos lateralizados más eficientes.
Los autores del estudio utilizaron datos arqueológicos sobre proporciones corporales y volumen cerebral de homínidos antiguos para simular cómo pudo haber evolucionado la preferencia manual. El resultado sugiere que esta característica surgió de forma gradual. En especies antiguas, como Ardipithecus y Australopithecus, la lateralización probablemente era débil. En cambio, en Homo erectus y en los neandertales la tendencia hacia el lado derecho se hizo más fuerte, alcanzando su máximo en Homo sapiens.
Un caso curioso involucra a los llamados “hobbits” humanos de Indonesia, miembros diminutos del género Homo. Según el análisis, probablemente tenían una preferencia manual menos intensa, posiblemente debido a un cerebro más pequeño y a un estilo de vida aún parcialmente ligado a los árboles.
Este es el primer estudio que prueba varias de las principales hipótesis sobre la lateralidad humana en una estructura unificada, según el Dr. Thomas A. Püschel, uno de los investigadores. Sus resultados sugieren que esta característica está ligada a dos rasgos fundamentales que nos hacen humanos: el caminar erguidos y la evolución de cerebros mayores.
Aún persiste una pregunta intrigante: si la evolución parece haber favorecido tanto el uso de la mano derecha, ¿por qué algunas personas siguen naciendo zurdas? El estudio ayuda a explicar por qué existe la preferencia manual, pero ese pequeño desvío hacia la zurdera sigue siendo una pieza viva del rompecabezas humano.
Contexto histórico y técnico
La lateralidad manual ha sido objeto de investigación durante más de un siglo. Ya en la década de 1860, el neurólogo Paul Broca observó que lesiones en el hemisferio izquierdo del cerebro afectaban con más frecuencia la capacidad de hablar, lo que se asoció a la dominancia de este hemisferio en el control del lenguaje y, por extensión, de la mano derecha. Estudios posteriores han identificado diferencias anatómicas y funcionales entre hemisferios que respaldan esta conexión.
Además, el índice intermembral, una medida desarrollada a mediados del siglo XX, se utiliza para comparar proporciones corporales en fósiles. Su aplicación a homínidos antiguos ha aportado datos sobre cómo cambiaron nuestras extremidades al adoptar el bipedalismo, permitiendo liberar las manos para funciones más finas y especializadas.
La investigación sobre lateralidad no se limita a los primates. En aves, peces y algunos mamíferos también se documentan preferencias laterales, aunque con patrones y grados muy diversos. Esto sugiere que la lateralidad tiene raíces profundas en la biología y puede cumplir diferentes funciones según la especie y su nicho ecológico.


