Mirada fría y postura dominante revelan rasgos antisociales (Foto: Instagram)
Encontrar a alguien con carisma, buena expresividad y aparente autoconocimiento suele transmitir una sensación de seguridad. Este tipo de persona llena el espacio con facilidad y puede generar un efecto magnético en quienes la rodean. Sin embargo, en ocasiones estas mismas características pueden ocultar aspectos de la personalidad que no resultan tan evidentes a simple vista.
La psicopatía es considerada un trastorno de la personalidad del espectro antisocial. Los individuos que presentan este perfil a menudo muestran baja empatía, conducta manipuladora y escasa preocupación por las consecuencias de sus acciones. Detectar estos rasgos en la vida cotidiana no es una tarea sencilla, pero distintos científicos tratan de hallar señales sutiles que permitan identificar comportamientos propios de la psicopatía.
La psicóloga Susan Krauss Whitbourne, profesora emérita de la Universidad de Massachusetts Amherst, subraya la importancia del lenguaje corporal. En una entrevista, Whitbourne señaló que posturas abiertas, expansivas y dominantes suelen asociarse con tendencias a la manipulación y al control de los demás. Según ella, la forma en que una persona ocupa el espacio físico puede ofrecer pistas valiosas sobre sus rasgos de personalidad.
Para sustentar esta idea, un equipo de investigadores de la Universidad McGill en Canadá llevó a cabo una serie de cinco estudios en los que participaron 608 adultos jóvenes. En algunas pruebas, los sujetos enviaron fotografías de sí mismos en posturas naturales; en otras, se realizaron mediciones de su posición corporal en un entorno de laboratorio controlado.
Los resultados revelaron un patrón consistente: quienes adoptaban de manera natural posturas más amplias, con la espalda erguida y los hombros extendidos, tendían a obtener puntuaciones más elevadas en rasgos vinculados a la psicopatía. Entre estos rasgos se incluían un alto nivel de competitividad, la creencia en jerarquías sociales rígidas y una mayor propensión a utilizar la manipulación para obtener lo que desean.
Whitbourne destaca que esta postura dominante puede interpretarse como el intento consciente o inconsciente de ejercer control sobre los demás. En contraste, las personas que prefieren ceder o evitar confrontaciones suelen adoptar posiciones corporales más cerradas, encorvando levemente la espalda y manteniendo los brazos cerca del torso.
No obstante, los propios investigadores advierten que la postura corporal por sí sola no basta para definir el perfil psicológico de un individuo. Existen múltiples factores que influyen en la manera de presentarse físicamente, desde la práctica deportiva o de danza —que fomenta la alineación y la apertura postural— hasta experiencias de vida y hábitos adquiridos a lo largo de los años.
Otra observación relevante del estudio es la flexibilidad comportamental. Aquellos participantes con menores niveles de rasgos problemáticos tendían a variar con mayor frecuencia sus posturas según el contexto, mientras que los puntuados con niveles superiores mantenían casi siempre una postura dominante, como si buscaran proyectar fuerza y control de forma constante.
Según el sistema de salud británico, las personas con trastorno de la personalidad antisocial pueden, en determinados casos, representar un riesgo para quienes les rodean, especialmente si presentan episodios de conducta agresiva. Sin embargo, es fundamental diferenciar este diagnóstico de otros cuadros clínicos, como la psicosis, que por lo general tienen un carácter temporal y son más susceptibles de tratamiento, con una probabilidad mayor de que la persona se autolesione en lugar de dañar a terceros.
La investigación sobre el comportamiento humano rara vez se circunscribe a un único indicio. Postura, expresiones faciales y gestos forman parte de un conjunto más amplio en el que el contexto, la historia personal y el entorno social interactúan de manera compleja para configurar la conducta de cada individuo.


