La historia de Jane Sayner, residente de Melbourne (Australia), sorprende por el desenlace de una relación inquilina–propietario que se prolongó durante 23 años. Desde 2002, Jane pagó puntualmente un alquiler de 200 dólares estadounidenses por semana (aproximadamente 184 euros) y se ocupó de la vivienda como si fuera suya, incluso sin garantía de titularidad. Instaló un jardín trasero y cuidó cada detalle, demostrando un apego y un celo que el dueño de la casa, el farmacéutico John Perrett, valoró hasta tal punto que decidió legarle el inmueble en su testamento.
El día que cambió su vida, Jane recibió una llamada de Perrett, ya afectado por la enfermedad de Parkinson y recién trasladado a una residencia de cuidados. En aquella conversación, el propietario le comunicó: “Quiero que hables con mi abogado y le proporciones tu nombre completo, porque voy a dejarte la vivienda”. Ese sencillo gesto legalizó la transmisión de propiedad sobre una casa que Jane había habitado de alquiler desde hacía más de dos décadas.
Con más de 70 años, Jane asegura que este acto de generosidad le permitió alcanzar la estabilidad deseada para su jubilación. Hasta entonces, destinaba 800 dólares mensuales (alrededor de 736 euros) al pago del alquiler. Ahora, libre de esa carga, disfruta de tranquilidad financiera y expresa su gratitud en silencio cada día: “Le doy las gracias a John en privado todos los días de mi vida”, confiesa.
El legado de Perrett no se limitó a la vivienda. En su testamento también destinó 19 millones de dólares estadounidenses (unos 17,48 millones de euros) al Royal Melbourne Hospital, donde décadas antes recibió un trasplante de riñón. Profesionales de la salud, como el profesor Nigel Toussiant, destacan su altruismo y lo califican de ejemplo inspirador de generosidad. Esta donación hospitalaria refleja prácticas habituales en la planificación patrimonial: los testamentos permiten distribuir bienes y contribuir a causas benéficas tras el fallecimiento, combinando seguridad jurídica con un gesto solidario.
Tanto en Australia como en otros países, las leyes de arrendamiento obligan a documentar los pagos periódicos y establecen derechos y deberes para inquilinos y arrendadores. Sin embargo, no existe un mecanismo automático de adquisición por prescripción (usucapión) durante alquileres continuados, por lo que la decisión de Perrett tuvo carácter puramente voluntario. Asimismo, la enfermedad de Parkinson —una dolencia neurodegenerativa que afecta el movimiento— marcó la última etapa de la vida de Perrett y motivó su traslado a un centro de cuidados, circunstancia en la que planificó el reparto de su patrimonio.
El relato de Jane y John ilustra cómo el cuidado cotidiano y el respeto mutuo pueden derivar en gestos excepcionales. También resalta la importancia de las disposiciones testamentarias como herramienta legal para asegurar el bienestar de personas cercanas y apoyar a instituciones médicas, combinando vínculos personales con un legado duradero.


