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Tras una decisión judicial, una beneficiaria de cuota víctima de racismo en la infancia pierde su plaza en la USP

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São Paulo.— La estudiante Rebecca Vieira, de 24 años, ha sido expulsada de la Facultad de Derecho de la Universidad de São Paulo (USP), después de pasar más de dos años en los tribunales intentando que la institución reconociera su autodeclaración como persona parda.

Rebecca se dio cuenta de que había perdido su plaza en octubre de este año, cuando su nombre dejó de aparecer en las listas de asistencia de las asignaturas y perdió el acceso al sistema de la universidad. «Me siento humillada», afirma.

La historia de la estudiante se hizo pública en mayo de 2025. Rebecca, que se autodeclaró parda, aprobó en 2024 el examen de ingreso de la Fundación Universitaria para el Vestibular (Fuvest) por la cuota destinada a personas negras, pardas e indígenas (PPI). Sin embargo, durante el primer semestre lectivo, la Comisión de Heteroidentificación de la USP cuestionó su autodeclaración y denegó su matrícula.

La estudiante acudió a la Justicia y obtuvo una resolución favorable en primera instancia, pero la universidad consiguió que se revocara en segunda instancia. La defensa de Rebecca cuestionó el resultado y presentó recursos ante el Tribunal Superior de Justicia (STJ) y el Supremo Tribunal Federal (STF), pero no logró modificar la decisión de la 14.ª Sala del Tribunal de Justicia de São Paulo (TJSP). En octubre de este año, el proceso fue archivado.

Rebecca critica que los jueces que analizaron el recurso de la USP no tuvieran en cuenta la documentación examinada en primera instancia. Entre esos documentos figuraban un informe antropológico, fotografías y un proceso anterior en el que constaba que había sido víctima de racismo durante su infancia.

En la resolución favorable a la universidad, la jueza Cynthia Thomé, ponente del caso, sostuvo que no correspondía al poder judicial volver a evaluar el análisis del fenotipo de Rebecca y que la actuación de la Comisión de Heteroidentificación contaba con una «fundamentación suficiente».

Al analizar uno de los recursos de la defensa, el juez Torres de Carvalho consideró que los argumentos de los abogados no bastaban para invalidar las conclusiones de la resolución favorable a la USP. Según señaló, la sentencia favorable a la universidad «contiene una fundamentación adecuada».

La Comisión de Heteroidentificación de la USP se creó para prevenir el fraude en la política de cuotas. Para ello, comprueba si las personas admitidas en plazas reservadas presentan características fenotípicas —como el cabello, el color de la piel y la nariz— que se correspondan con las de las personas negras y pardas.

En la época en que Rebecca realizó el examen de ingreso, el procedimiento incluía la evaluación de fotografías de los candidatos por parte de comités. Si no superaban esa valoración, quienes habían aprobado la Fuvest participaban en una audiencia presencial. También podían presentar un recurso. La comisión rechazó la autodeclaración de Rebecca en todas las etapas del proceso.

Ahora, Rebecca está valorando qué medidas puede tomar para intentar recuperar su matrícula. Desde finales de octubre asiste a las clases como oyente, con la esperanza de que la situación pueda revertirse.

«Esta decisión me ha puesto la vida patas arriba», dice. Según explica, el caso afecta tanto a las clases como a la iniciación científica que realizaba y a la estabilidad económica de su familia. Recibía una ayuda de la USP y actualmente está desempleada.

La estudiante defiende la existencia de comités para evitar fraudes en las plazas reservadas a los beneficiarios de las cuotas, pero sostiene que su caso no constituye un intento de eludir el sistema. También afirma que conoce a estudiantes socialmente percibidos como blancos que fueron admitidos por la universidad. «No existe un criterio uniforme [en las decisiones de la USP]», señala.

Cuando era niña, a Rebecca le denegaron la matrícula en un colegio privado. En aquella ocasión, una empleada del centro dijo que la directora no permitiría su admisión porque no le gustaban los «niños oscuros». La familia de la joven llevó a la institución a los tribunales.

Rebecca incorporó ese proceso de su infancia a la demanda contra la decisión de la USP. En primera instancia, el juez Randolfo Ferraz de Campos citó ese antecedente y afirmó que la defensa había presentado «elementos considerables a favor del reconocimiento de su condición de persona parda».

Desde que comenzó el proceso contra la USP, Rebecca dice que su salud mental ha empeorado, con un aumento de los episodios de insomnio y ansiedad. «Cansa mucho. Es emocionalmente agotador. [Es] como si fuera una impostora, como si estuviera allí por caridad», afirma con la voz entrecortada.

Tras saber que el proceso había sido archivado, Rebecca se puso en contacto con parlamentarios y con la Unión Nacional de Estudiantes (UNE) para pedir ayuda. Está valorando intentar llegar a un acuerdo con la universidad o iniciar un nuevo proceso para poder terminar la carrera. Se encuentra en el tercer año de una titulación de cinco. La USP, consultada, no quiso comentar el caso.

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