El pasado martes 3, el sector aéreo europeo vivió momentos de tensión después de que se registraran siete falsas amenazas de bomba en vuelos comerciales. Las alertas movilizaron a las autoridades de seguridad de aeropuertos de Polonia, Italia, Bulgaria y España, y dieron lugar a inspecciones de emergencia y retrasos en algunas operaciones. Al término de las comprobaciones, no se encontraron explosivos en ninguna de las aeronaves y las siete amenazas fueron consideradas falsas. Cuatro de los vuelos afectados pertenecían a la aerolínea irlandesa Ryanair; los demás eran operados por LOT y SAS.
En España, el aeropuerto de Murcia activó sus protocolos de seguridad tras recibir una alerta sobre un avión de Ryanair procedente de Manchester, en el Reino Unido. La aeronave fue sometida a las comprobaciones correspondientes para descartar riesgos para las personas a bordo y para las instalaciones aeroportuarias. La activación de un protocolo de seguridad supone que las autoridades realizan las verificaciones necesarias ante una posible amenaza; por sí sola, no confirma que haya un artefacto explosivo.
En Polonia, dos aviones con destino a Varsovia recibieron amenazas. Uno había despegado de Londres y el otro, de Copenhague, en Dinamarca. Las autoridades inspeccionaron las aeronaves y, una vez finalizadas las comprobaciones, indicaron que la amenaza había sido descartada y que las operaciones podían reanudarse con normalidad. Estos dos vuelos formaron parte de los siete casos comunicados aquel martes.
También se registraron alertas en Bulgaria. Dos aeronaves procedentes de Bérgamo, en Italia, y de Dublín, en Irlanda, fueron inspeccionadas tras aterrizar en Sofía, la capital búlgara. Agentes especializados en la lucha contra el terrorismo revisaron los aviones, pero no hallaron dispositivos explosivos. La intervención permitió comprobar que las alertas no correspondían a la presencia de una bomba.
En Italia, otros dos vuelos que llegaron al aeropuerto de Fiumicino, en Roma, también fueron sometidos a inspecciones. Uno procedía de Dublín y el otro, de Lisboa. En uno de los casos, la Fuerza Aérea italiana movilizó dos aeronaves para escoltar el avión señalado. La escolta y las inspecciones formaron parte de las medidas adoptadas durante la respuesta a la alerta; al finalizar las actuaciones, tampoco se encontraron explosivos en estos vuelos.
La sucesión de avisos implicó la intervención de equipos especializados en varios países y la aplicación de procedimientos de seguridad en diferentes aeropuertos. En este tipo de situaciones, una amenaza comunicada se trata como una alerta que debe comprobarse, no como prueba de que exista una bomba. Por eso, las autoridades verifican la información y revisan las aeronaves antes de descartar el riesgo y permitir que las operaciones continúen.
Las consecuencias operativas pueden incluir inspecciones adicionales y demoras mientras se realizan las comprobaciones. En este caso, se registraron retrasos en parte de las operaciones aéreas europeas, aunque las autoridades dieron por falsas las siete amenazas y no se hallaron artefactos explosivos. La información difundida identificó a cuatro aviones de Ryanair y señaló que los restantes eran operados por LOT y SAS. Los incidentes se localizaron en aeropuertos de España, Polonia, Bulgaria e Italia, con vuelos relacionados con Manchester, Londres, Copenhague, Bérgamo, Dublín y Lisboa.
Una vez completadas las verificaciones, las operaciones pudieron retomarse. La respuesta incluyó inspecciones de las aeronaves y, en el caso italiano señalado, el despliegue de dos aviones de la Fuerza Aérea para escoltar una de ellas. El balance final fue el mismo en los siete casos: no se encontraron explosivos y las alertas fueron clasificadas como falsas.


