¿Te has imaginado cómo son algunos de los animales más impresionantes del planeta justo después de nacer? Muchas especies experimentan transformaciones sorprendentes durante su crecimiento, y sus crías pueden ser tan distintas de los adultos que cuesta creer que pertenecen a la misma especie. Algunas son diminutas; otras presentan características poco habituales, y las hay que parecen salidas de un dibujo animado. La naturaleza está llena de particularidades que no siempre conocemos.
Mientras ciertas especies nacen con un aspecto parecido al que tendrán de adultas, otras atraviesan cambios importantes en el tamaño, el pelaje, la coloración e incluso la forma del cuerpo. Estas diferencias forman parte de su desarrollo y, en muchos casos, se relacionan con las necesidades de cada etapa de la vida. Durante las primeras semanas o meses, algunas crías dependen por completo de sus progenitores para recibir alimento y protección. Otras pueden desplazarse desde muy pronto, aunque también deben crecer y aprender a desenvolverse en su entorno.
El aspecto de los animales jóvenes puede cambiar de manera gradual. El pelaje, las plumas o las proporciones corporales no siempre son iguales en las crías y en los adultos. En ocasiones, ciertos rasgos propios de la infancia se modifican al crecer; en otras, la diferencia se debe simplemente a que el cuerpo todavía no ha alcanzado su tamaño y forma definitivos. Observar esas etapas permite conocer mejor el desarrollo de las especies y la variedad de estrategias que existen en el reino animal.
El camello adulto es conocido por su gran tamaño y por su resistencia al calor. Sus crías, en cambio, son más pequeñas y delicadas, y tienen las patas largas, que les ayudan a seguir a los adultos durante sus desplazamientos por el desierto. Aunque su aspecto sea distinto al de un ejemplar desarrollado, ya forman parte de un grupo adaptado a vivir en ambientes cálidos y secos.
Las crías de ciervo llaman la atención por sus grandes orejas, sus ojos expresivos y su cuerpo fino. Algunas especies presentan pequeñas manchas claras en el pelaje durante los primeros meses de vida. Ese patrón puede contribuir a camuflarlas mientras son jóvenes. A medida que crecen, su apariencia cambia y el pelaje puede perder esas marcas, según la especie.
El panda recién nacido es muy diferente del adulto, famoso por su pelaje blanco y negro. Al nacer es diminuto, rosado y casi no tiene pelo. Con el crecimiento desarrolla poco a poco el aspecto característico que permite reconocer a esta especie. La diferencia entre ambas etapas muestra hasta qué punto la apariencia de un animal puede transformarse durante su desarrollo.
Las crías de búho suelen nacer cubiertas de un plumón claro y suave. Sus ojos grandes y su aspecto todavía poco definido les dan una apariencia curiosa. Conforme crecen, las plumas van sustituyendo esa primera capa y adquieren el aspecto propio de estas aves. El cambio de plumón a plumaje forma parte del desarrollo de las aves jóvenes.
Las crías de canguro nacen extremadamente frágiles y poco desarrolladas, con un cuerpo diminuto. Por eso continúan creciendo en la bolsa de la madre, donde reciben protección y alimento, hasta que están preparadas para explorar el entorno. En el caso de los pulpos, las crías también son muy pequeñas; algunas especies tienen cuerpos transparentes o casi invisibles. Desde el comienzo presentan los tentáculos propios de estos animales y se enfrentan a las condiciones del océano.
Por último, muchas crías de pingüino están cubiertas de un plumón gris, marrón o blanquecino que las distingue claramente de los adultos. Al crecer, cambian ese plumaje juvenil por las plumas correspondientes a la etapa adulta. Cada una de estas diferencias permite apreciar que el desarrollo animal no sigue un único patrón: las crías pueden parecerse mucho a sus progenitores o presentar, durante un tiempo, un aspecto completamente distinto.


