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Los hutíes, grupo islámico apoyado por Irán, buscan controlar toda la costa de Yemen en el Mar Rojo

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Combatientes hutíes alineados con sus fusiles en una localidad costera de Yemen (Foto: Instagram)

El movimiento Houthi, respaldado por Irán, ha intensificado sus operaciones en las provincias costeras de Yemen con el objetivo de controlar la totalidad de su litoral en el Mar Rojo. Esta ofensiva, que avanza por etapas, acerca a los hutíes a asegurar puntos estratégicos clave para el paso de embarcaciones y el suministro de combustible. Hasta el momento, la agrupación ha logrado establecer posiciones en varios puertos y fortalezas que antes permanecían fuera de su influencia, generando preocupación entre analistas militares sobre un posible bloqueo de rutas marítimas vitales para el comercio internacional.

Los orígenes de los hutíes se remontan a mediados de la década de 1990 en la región de Saada, al norte de Yemen, donde el grupo surgió como una milicia de autodefensa chií zaidí. Con el tiempo, su ideología derivó hacia un planteamiento político y militar más amplio, atrayendo el respaldo de Irán a cambio de apoyo logístico y armamento. Esta conexión ha endurecido la estrategia del movimiento, que tras la caída de Saná en 2014 ha mantenido una guerra prolongada contra el Gobierno reconocido internacionalmente, debilitando las instituciones estatales y fragmentando el territorio de Yemen.

Desde el estallido de la guerra civil yemení, se ha desplegado una coalición liderada por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos para revertir la expansión de los hutíes y restituir al Ejecutivo oficial en Saná. A lo largo de más de ocho años, esas fuerzas extranjeras han intervenido con bombardeos aéreos, bloqueos de puertos y apoyo a milicias locales. Sin embargo, la alianza no ha conseguido desarticular por completo las estructuras del movimiento Houthi, que ha adaptado sus tácticas y reforzado sus líneas de suministro con material procedente de Irán.

El control de la costa yemení en el Mar Rojo es especialmente relevante debido a su proximidad al estrecho de Bab el-Mandeb, un cuello de botella marítimo que conecta el Mar Rojo con el golfo de Adén y, más allá, con el océano Índico. Más del 10 % del comercio mundial de petróleo y mercancías transita por esta vía, y cualquier interrupción dispara el coste del transporte y encarece el precio final de bienes básicos en Europa y Asia. Los hutíes han demostrado anteriormente su capacidad de lanzar ataques con misiles y drones contra buques comerciales y petroleros, elevando la inquietud de navieras y operadores de rutas internacionales.

Frente a esta situación, las potencias occidentales y la ONU han intensificado los llamamientos a la desescalada y al diálogo político. Naciones Unidas ha enviado emisarios a Saná y Riad para buscar mediación entre el Gobierno y los hutíes, tratando de pactar un alto el fuego permanente. No obstante, la influencia de Irán sobre el movimiento Houthi complica las negociaciones, pues Teherán ve en Yemen un frente estratégico para contrarrestar a sus rivales regionales. Mientras tanto, la población civil yemení, atrapada en el conflicto y amenazada por la inseguridad alimentaria y los desplazamientos forzados, espera una salida que ponga fin a casi una década de destrucción y sufrimiento.

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