La valorización de cuerpos extremadamente delgados vuelve a ganar protagonismo en las redes sociales y en el medio de las celebridades, reavivando debates sobre presión estética, uso indiscriminado de medicamentos para adelgazar y riesgos nutricionales, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes.
Vídeos con dietas restrictivas, retos de adelgazamiento y comparaciones corporales acumulan cientos de millones de visualizaciones. (Foto: X)
Quienes siguen el mundo de la moda y el entretenimiento saben que el canon de belleza femenino ha ido cambiando a lo largo de las décadas. En los años 1950, las curvas de Marilyn Monroe eran sinónimo de sensualidad. Ya en los años 1990 y principios de los 2000, la estética denominada “heroin chic” dominó campañas, pasarelas y portadas de revistas.
El estilo de esa época se caracterizaba por:
– Delgadez extrema y huesos muy marcados;
– Apariencia frágil y rostro hundido;
– Señales de cansancio constante y palidez.
Modelos como Kate Moss se convirtieron en referentes de esa era, y su influencia trascendió las pasarelas para instalarse en la mente de millones de adolescentes que crecieron creyendo que “cuanto más delgada, mejor”.
Dos décadas después, asistimos a un movimiento preocupante: el culto a la delgadez extrema regresa, ahora potenciado por filtros digitales, algoritmos y fármacos para adelgazar de efecto rápido.
¿Qué ha cambiado? Ahora la presión está al alcance de la mano:
Si antes las referencias aparecían en revistas mensuales, hoy lo hacen las 24 horas del día en TikTok, Instagram y YouTube. Vídeos con dietas restrictivas, retos de adelgazamiento y comparaciones corporales suman cientos de millones de reproducciones.
La generación más joven es especialmente vulnerable porque:
– Pasa más tiempo expuesta a imágenes retocadas y alteradas por inteligencia artificial;
– Asocia la delgadez con el éxito, la popularidad y el autocontrol;
– Recibe refuerzo continuo del algoritmo para contenidos de comparación corporal;
– Se encuentra en una fase crítica de desarrollo físico y emocional.
El resultado es el aumento de comportamientos de riesgo, como dietas extremadamente restrictivas, ayunos prolongados sin supervisión y uso de medicamentos sin prescripción médica.
Análogos de GLP-1: cuando el medicamento se convierte en herramienta estética
Los análogos del receptor de GLP-1 (como semaglutida y tirzepatida) revolucionaron el tratamiento de la obesidad y la diabetes tipo 2. En pacientes con indicación clínica, aportan beneficios metabólicos, control glucémico y reducción del riesgo cardiovascular.
El problema surge cuando personas con peso normal utilizan estos fármacos sólo para alcanzar un ideal estético de delgadez extrema.
Según alertas de la Sociedad Brasileña de Endocrinología y Metabología (SBEM), el uso sin indicación médica de análogos de GLP-1 para fines estéticos puede provocar que hasta el 40 % del peso perdido sea masa muscular, incrementando el riesgo de sarcopenia precoz y desnutrición metabólica.
Además de la pérdida muscular, el uso inadecuado y sin supervisión puede causar:
– Deficiencia grave de vitaminas y minerales;
– Caída intensa del cabello y fragilidad cutánea;
– Fatiga extrema y pérdida de fuerza;
– Problemas gastrointestinales persistentes;
– Recuperación rápida de peso (efecto rebote) tras suspender el medicamento;
– Deterioro de la relación psicológica con la comida.
Más allá del número en la báscula, el mayor riesgo está en la desnutrición oculta: el cuerpo pierde peso, pero queda privado de nutrientes esenciales, comprometiendo órganos y tejidos vitales.
Celebridades y el impacto de las transformaciones corporales
En los últimos años, cambios corporales muy rápidos de figuras públicas han reavivado el debate. Nombres como Kim Kardashian, Ariana Grande y Christina Aguilera suelen ser objeto de comentarios sobre su pérdida de peso. En Brasil, ocurren discusiones similares en torno a influencers, actrices y exconcursantes de reality shows.
Es fundamental subrayar que no es posible diagnosticar ni afirmar la causa del adelgazamiento de nadie sin datos médicos oficiales. Sin embargo, lo importante es el impacto social: cuando los cuerpos extremadamente delgados reciben amplia exposición y elogios, se convierten en un nuevo estándar estético para millones de seguidores.
La diferencia entre adelgazar y desnutrir
La cultura de la dieta suele asociar cualquier pérdida de peso con mejora de la salud, pero clínicamente suponen conceptos opuestos.
Adelgazamiento saludable:
– Mantiene la masa muscular;
– Conserva energía y vitalidad;
– Preserva parámetros de laboratorio adecuados;
– Asegura una alimentación variada y equilibrada;
– Se realiza con orientación y ritmo apropiados.
Desnutrición y delgadez severa:
– Provoca pérdida significativa de tejido muscular;
– Causa fatiga crónica y decaimiento;
– Genera déficits vitamínicos y alteraciones metabólicas;
– Se basa en restricción alimentaria extrema;
– Suele ocurrir de manera rápida y sin supervisión.
Señales clínicas y comportamentales de alerta
Desde la perspectiva médica y nutricional, la desnutrición no siempre se evidencia en un aspecto muy demacrado.
Signos físicos y estructurales:
– Pérdida marcada de grasa facial: atrofia de la almohadilla de Bichat y músculos temporales (temple hundido y aspecto envejecido);
– Huesos y músculos muy visibles: clavículas y costillas prominentes, pérdida de volumen en glúteos, brazos y piernas;
– Problemas dermatológicos y capilares: piel seca, caída de cabello acentuada y uñas frágiles;
– Síntomas sistémicos: mareos, hipotensión, sensación de frío constante y cicatrización lenta;
– Alteraciones hormonales: irregularidades o ausencia de menstruación (amenorrea) en mujeres, señal de baja disponibilidad energética.
Señales alimentarias y conductuales:
– Miedo excesivo a aumentar de peso y conteo rígido de calorías;
– Eliminación injustificada de grupos de alimentos enteros;
– Sentimiento de culpa o ansiedad tras comer;
– Rechazo continuo de comidas en situaciones sociales;
– Satisfacción excesiva al notar huesos cada vez más marcados.
El efecto silencioso en los adolescentes
Los jóvenes expuestos a la estética de la hipermagreza corren mayor riesgo de desarrollar trastornos psiquiátricos y alimentarios, como:
– Anorexia y bulimia nervosa;
– Trastorno dismórfico corporal;
– Atracones seguidos de métodos purgativos;
– Ansiedad generalizada y depresión.
Lo más preocupante es que muchos de estos adolescentes tienen un peso adecuado para su edad, pero sufren psicológicamente al creer que un cuerpo sano no basta frente a los estándares de las redes sociales.
Postura de los profesionales de la salud
La comunidad médica y nutricional insiste en:
1. Prescripción ética: Los fármacos para obesidad y control metabólico tienen indicaciones específicas y no deben usarse como atajos estéticos.
2. Salud más allá del IMC: El peso aislado no define bienestar. Composición corporal (grasa vs. músculo), fuerza, descanso, salud mental y análisis de laboratorio son los indicadores reales.
3. Protección de los jóvenes: Niños y adolescentes requieren aporte calórico y nutricional adecuado para su desarrollo óseo, neurológico y hormonal.
El regreso de la hipermagreza como tendencia lanza una llamada de alerta: no toda transformación estética admirada en redes sociales equivale a salud. El reto colectivo consiste en recuperar una visión de cuerpo y belleza que no exija sacrificar la integridad física y mental.


