
Najib al-Assad, exjefe de seguridad en Daraa durante el inicio de la Guerra Civil Siria (Foto: Instagram)
Najib, primo del exdictador Bashar al-Assad, ocupó el cargo de jefe de seguridad de la provincia de Daara durante la ola de protestas que, en marzo de 2011, dio lugar al inicio de la Guerra Civil Siria. Tanto Najib como Bashar al-Assad han sido señalados por organizaciones de derechos humanos que documentaron detenciones arbitrarias y el uso desproporcionado de la fuerza en aquella región. La actuación de este mando de seguridad marcó un punto de inflexión en la escalada de violencia que llevó al país a un conflicto prolongado.
La provincia de Daara, situada en el sur de Siria y fronteriza con Jordania, es una zona de gran importancia estratégica y cultural. Con una población diversa —compuesta por comunidades árabes y minorías locales—, Daara ha sido históricamente un punto de paso para rutas comerciales y de intercambio. En 2011, su capital homónima, también llamada Daara, se convirtió en el escenario inicial de manifestaciones pacíficas inspiradas por la Primavera Árabe en la vecina región del Magreb.
El papel de jefe de seguridad implica la supervisión directa de operaciones de inteligencia y de fuerza pública, así como la coordinación de arrestos y controles de circulación. En su posición, Najib gestionaba comisarías, unidades de respuesta rápida y puestos de control. Su responsabilidad conllevaba ordenar redadas en domicilios, custodia de detenidos y la adopción de medidas excepcionales bajo el pretexto de mantener el orden público.
El estallido de protestas en Daara comenzó cuando un grupo de jóvenes fue detenido por pintar lemas contra el gobierno de Bashar al-Assad en un muro. La respuesta de los cuerpos de seguridad se tradujo en arrestos masivos y, según testigos, excesivo empleo de proyectiles y gases lacrimógenos. Aquella primera represión militarizada provocó indignación entre la población local, dando lugar a enfrentamientos más numerosos y a la formación de los primeros grupos armados opositores.
En cuestión de semanas, los sucesos de Daara sirvieron como catalizador para un levantamiento generalizado en varias provincias. Lo que comenzó como una serie de protestas pacíficas degeneró en combates armados cuando las autoridades decidieron emplear tanques y artillería contra zonas civiles. La intervención de Najib como jefe de seguridad en la fase inicial supuso, para muchos analistas, la demostración de la voluntad del régimen de Bashar al-Assad de combatir cualquier signo de disidencia con mano dura.
La implicación de familiares del círculo más cercano del Gobierno, como Najib, refuerza la imagen de un régimen que confía en vínculos de sangre para gestionar puestos clave dentro de la estructura de seguridad. Este modelo de nepotismo y control interno fue uno de los factores que permitió al aparato de Bashar al-Assad sostenerse frente a la presión interna y externa, consolidando una maquinaria represiva que ha persistido a lo largo de más de una década de conflicto.


