
Alianza internacional para proteger la infancia (Foto: Instagram)
Brasil, UE y ONU han lanzado un proyecto en colaboración para frenar el reclutamiento de niños y adolescentes por parte de grupos armados y organizaciones criminales. Esta iniciativa multilateral persigue reforzar los mecanismos de prevención, protección y atención integral de menores en situación de riesgo, así como fortalecer la cooperación entre agencias gubernamentales e internacionales.
En los últimos años, Brasil ha registrado casos de captación de menores por facciones delincuenciales y milicias, una realidad que no es ajena a otros países de América Latina y el mundo. El reclutamiento infantil, tipificado como delito en el Estatuto da Criança e do Adolescente (ECA) de 1990, compromete el desarrollo físico, psicológico y social de quienes resultan captados para tareas de vigilancia, transporte de armas o ejecución de delitos.
La UE aporta su experiencia en políticas de derechos del niño y financiamiento de proyectos de protección social. Por su parte, la ONU, a través de la Oficina del Representante Especial del Secretario General para Niños y Conflictos Armados, brinda asesoría técnica basada en la Convención sobre los Derechos del Niño (1989) y su Protocolo Facultativo de 2000, que prohíbe la participación de menores en conflictos armados. Esta convergencia de conocimientos pretende garantizar el respeto estricto de los estándares internacionales.
El proyecto contempla la capacitación de fuerzas de seguridad y operadores de justicia en la identificación temprana de víctimas, así como campañas de sensibilización dirigidas a comunidades vulnerables. Se reforzarán los centros de acogida y las redes de protección social para asegurar procesos de desradicalización y reinserción escolar de niños y adolescentes afectados. Además, Brasil desarrollará sistemas de monitoreo y registro de incidentes, con el apoyo tecnológico y metodológico de la UE y la ONU.
Con esta alianza, Brasil, UE y ONU aspiran a reducir de forma sostenible el fenómeno del reclutamiento infantil, protegiendo el derecho de cada menor a crecer en un entorno libre de violencia. A medio plazo, se espera que las lecciones aprendidas sirvan de modelo replicable en otros países de la región que enfrentan desafíos similares, fortaleciendo la respuesta global contra la explotación de la infancia.


