Tras perder más de 100 kg gracias a una cirugía bariátrica, Thais Carla se está preparando para una nueva fase en su transformación corporal. La influencer ya ha anunciado que tiene la intención de someterse a cirugías reparadoras para eliminar el exceso de piel causado por el significativo descenso de peso.
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Este caso plantea una duda común entre quienes han sufrido grandes pérdidas de peso: ¿cuándo está realmente preparado el cuerpo para afrontar procedimientos de gran envergadura como este?
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Según el cirujano plástico Régis Ramos, la mera reducción de peso no implica automáticamente que el paciente esté listo para una cirugía reparadora. Antes de cualquier indicación, es esencial evaluar criterios como la estabilidad del peso, el tiempo transcurrido desde la bariátrica y las condiciones físicas y emocionales del paciente.
“El momento idóneo para recomendar cirugías reparadoras depende de tres criterios fundamentales: el peso debe mantenerse estable durante, al menos, tres a seis meses; si la pérdida de peso se produjo mediante cirugía bariátrica, se aconseja esperar entre 12 y 18 meses tras el procedimiento digestivo; y es imprescindible el aval del equipo médico responsable, que certifique la estabilidad física y mental”, explicó el especialista.
Sin entrar a valorar el caso particular de la influencer, el doctor destacó que cada paciente debe ser analizado de forma individual. El seguimiento puede incluir a un endocrinólogo, un cirujano bariátrico, un nutricionista, un psicólogo y, finalmente, un cirujano plástico.
La preparación para una cirugía reparadora va mucho más allá de la estabilización del peso. Quienes han perdido gran cantidad de kilos, especialmente tras una bariátrica, pueden presentar deficiencias nutricionales que afectan la capacidad de recuperación del organismo.
Proteínas, hierro, zinc y vitaminas como A, C, D y las del complejo B juegan un papel clave en el proceso de cicatrización. Por ello, los exámenes y la evaluación nutricional son parte imprescindible en la fase previa al procedimiento.
“La cirugía plástica reparadora es un procedimiento de gran envergadura que exige una alta capacidad de regeneración del organismo. Sin un aporte nutricional adecuado, aumenta de forma significativa el riesgo de dehiscencia de suturas, infecciones, necrosis de piel y cicatrices de peor calidad”, advirtió Régis Ramos.
Además de los riesgos para la recuperación, operar mientras el paciente todavía está perdiendo peso puede comprometer la durabilidad del resultado. “Si el paciente se opera y sigue adelgazando, podría volver a quedar exceso de piel. Y si, por el contrario, recupera volumen, la piel intervenida se distenderá y el contorno corporal logrado también podría verse perjudicado”, puntualizó.
Tras una pérdida masiva de peso, el excedente de piel puede acumularse en diversas zonas: abdomen, brazos, mamas, espalda, muslos y glúteos. Muchos desean corregir todas esas áreas en una sola cirugía, pero el especialista señala que dividir el tratamiento en etapas suele ser más seguro.
“Aunque existe el deseo natural de solucionarlo todo en una única anestesia, la seguridad del paciente debe primar. Operar varias regiones a la vez incrementa el tiempo anestésico y quirúrgico, la pérdida de sangre, el estrés metabólico y dificulta la recuperación”, afirmó.
Los procedimientos muy extensos también pueden elevar el riesgo de trombosis venosa profunda y embolia pulmonar. Asimismo, el dolor y el malestar en varias zonas dificultan la movilización precoz, considerada fundamental para reducir complicaciones postoperatorias.
Según Régis Ramos, el plan quirúrgico suele empezar por la zona que más incómoda resulta o que genera mayores limitaciones funcionales. Una opción frecuente es corregir primero el abdomen y el dorso; en una etapa posterior tratar mamas y brazos; y finalmente abordar muslos y glúteos, siempre respetando la recuperación del organismo y las condiciones clínicas de cada paciente.
“El tratamiento debe concebirse como un recorrido. No basta con elegir qué regiones operar, sino definir el orden más seguro, los intervalos entre procedimientos y las condiciones necesarias para una correcta recuperación”, detalló.
Aunque a menudo se relacione con la estética, el exceso de piel tras un gran adelgazamiento también puede ocasionar problemas de salud y dificultar actividades básicas del día a día. Entre las complicaciones más habituales figuran dermatitis en los pliegues, micosis, infecciones bacterianas, heridas e irritaciones recurrentes debajo del abdomen, de las mamas o entre los muslos.
“El exceso de piel se convierte en una necesidad reparadora y funcional cuando provoca problemas dermatológicos frecuentes, dolor, mal olor, heridas, dificultad para la higiene y limitaciones para caminar o practicar deporte”, comentó el cirujano.
El peso del tejido sobrante también puede alterar el centro de gravedad del cuerpo y generar dolores posturales, especialmente en la región lumbar. El roce entre muslos o en los brazos puede limitar los movimientos y convertir ejercicios y tareas cotidianas en incómodas.
Más allá de las consecuencias físicas, el exceso de piel puede afectar la relación del paciente con su propio cuerpo tras un largo proceso de adelgazamiento. “La dificultad para la higiene, las limitaciones funcionales y el impacto en la autoimagen pueden menoscabar la calidad de vida. En algunos casos, el paciente adelgaza, gana movilidad, pero sigue sintiéndose limitado por la cantidad de piel sobrante”, observó.
Antes de iniciar el proceso, el paciente debe entender que la extirpación de grandes volúmenes de piel implica incisiones amplias. Las cicatrices se planifican para ubicarse en zonas estratégicas, pero no se pueden suprimir por completo.
“La idea es cambiar el excedente de piel incómodo por una cicatriz bien situada y cuidada. Para eliminar gran cantidad de piel, es inevitable contar con cicatrices extensas: en forma de ancla en el abdomen, alrededor de las mamas y en la cara interna de brazos y muslos”, explicó Régis Ramos.
El postoperatorio también exige disciplina y participación activa. Según los procedimientos realizados, pueden recomendarse fajas compresivas, seguimiento especializado, reposo relativo y restricción de esfuerzos.
“La recuperación puede requerir de 30 a 45 días de cuidados intensivos, aunque este plazo varía según el tipo de cirugía y la evolución de cada paciente. Es fundamental evitar movimientos que ejerzan tracción en las zonas intervenidas y seguir al pie de la letra las indicaciones médicas”, apuntó.
Para el especialista, alinear expectativas es parte esencial de la consulta. La cirugía reparadora puede mejorar el contorno corporal, la movilidad, el confort y la autoestima, pero no borra por completo las marcas de una gran oscilación de peso.
“El objetivo de la cirugía reparadora no es la perfección anatómica de quien nunca ha vivido una gran transformación corporal, sino lograr armonía y confort. Se busca ajustar la ‘nueva piel’ al cuerpo remodelado, permitiendo que el paciente disfrute con salud y autoestima de todos los logros del adelgazamiento”, concluyó Régis Ramos.


