Un vídeo captado en Porto Jofre, en Poconé (Mato Grosso), en el Pantanal brasileño, muestra un auténtico “embotellamiento” de lanchas turísticas rodeando a un jaguar en las orillas del río São Lourenço. El registro corrió a cargo del guía de turismo Redouane Lachgar, quien lo compartió en sus redes sociales el lunes 13 de julio.
Las imágenes revelan numerosas embarcaciones motorizadas acercándose al felino, que permanece en tierra firme junto al cauce del río. Cada barca busca posicionarse lo suficiente para captar fotografías y vídeos, en ocasiones interponiéndose unas con otras. En el pie de foto, publicado en Instagram, se advierte la concentración de turistas ansiosos por obtener la mejor toma del animal.
Porto Jofre es considerada por biólogos y expertos en fauna como una de las zonas con mayor densidad de jaguares en el mundo, lo que la convierte en un reclamo internacional para el turismo de observación de esta especie. Situada en el corazón del Pantanal, la región abarca humedales de gran extensión —considerados el mayor ecosistema de agua dulce del planeta— y alberga una biodiversidad excepcional.
A pesar de las ventajas que supone para la economía local la llegada de turistas, especialistas y defensores de la vida silvestre insisten en la necesidad de implementar protocolos estrictos. El ruido de los motores, la cercanía excesiva y el número elevado de embarcaciones pueden alterar el comportamiento natural de los jaguares, animales solitarios y territoriales. El estrés provocado por la presencia humana puede llevar a cambios en sus patrones de caza y descanso, e incluso a desplazamientos forzados hacia zonas menos adecuadas.
Las recomendaciones de organizaciones dedicadas a la conservación, como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), incluyen mantener una distancia mínima de 50 metros con el animal, limitar la velocidad de navegación en zonas de avistamiento y reducir al máximo los tiempos de exposición. Asimismo, se aconseja no obstaculizar el paso de la fauna ni interponerse entre el jaguar y su fuente de agua o posible ruta de escape.
Desde el punto de vista jurídico, Brasil cuenta con normativas ambientales que regulan el turismo ecológico en áreas protegidas. En el Pantanal, ciertas secciones del Parque Nacional y de la Reserva de la Biosfera exigen que las empresas turísticas operen bajo licencias específicas, que contemplan límites de vehículos, horarios de visita y formación obligatoria de guías. Sin embargo, en otras zonas periféricas del humedal, la supervisión puede resultar más laxa, lo que favorece situaciones como la capturada en el vídeo.
El Pantanal atrae a miles de visitantes cada año, deseosos de observar también caimanes, aves acuáticas y una gran variedad de mamíferos. La región vive de un turismo que, bien gestionado, puede contribuir a la conservación del entorno natural y al desarrollo sostenible de las comunidades locales. Especialistas destacan que la sensibilización de los viajeros y la formación de los guías son fundamentales para lograr un balance entre la actividad económica y la protección de la fauna.
El incidente en Porto Jofre pone de relieve la urgente necesidad de reforzar las buenas prácticas turísticas y garantizar que la contemplación de especies como el jaguar no suponga un perjuicio para su bienestar ni para la integridad de uno de los ecosistemas más valiosos del planeta.


