La actriz Luana Piovani ha generado un intenso debate en las redes sociales tras admitir que consume marihuana de forma diaria desde hace más de treinta años, si bien asegura no sentirse dependiente de la sustancia. Con 49 años de edad y una larga trayectoria en cine, teatro y televisión, Piovani declaró recientemente: “Fumo hace más de 30 años. Lo pruebo todos los días. Nunca he sido adicta”, lo que despertó diversas reacciones tanto de seguidores como de especialistas en salud.
Aunque en los últimos años se ha producido un avance significativo en la aceptación del uso medicinal del cannabis —especialmente para el alivio de dolores crónicos, náuseas derivadas de tratamientos oncológicos o ciertos trastornos neurológicos— expertos advierten que el consumo recreativo diario no está exento de riesgos. En este sentido, los profesionales de la salud coinciden en señalar que la frecuencia, la cantidad consumida y la edad de inicio son factores clave que pueden determinar el impacto a corto y largo plazo.
La psiquiatra Juliane de Paula, máster en Ciencias de la Salud por la FMABC-SP, subraya que la percepción de inocuidad por tratarse de una planta puede conducir a un uso excesivo: “Existe una falsa creencia de que, al ser de origen vegetal, la marihuana es inofensiva. Sin embargo, el consumo continuado y frecuente puede desembocar en dependencia, además de afectar funciones cerebrales básicas como la motivación, la memoria, la atención y otras funciones ejecutivas”. De Paula añade que, en algunos casos, el uso intenso puede agravar o desencadenar trastornos de ansiedad, episodios depresivos e incluso psicosis, sobre todo en personas con predisposición genética.
Asimismo, el cardiólogo Vitor de Holanda, doctorando en Cardiología por el Instituto de Cardiología de Rio Grande do Sul, advierte sobre los posibles efectos cardiovasculares: “Aunque se asocie el cannabis principalmente al sistema nervioso, también ejerce influencia sobre el corazón y los vasos. Puede aumentar la frecuencia cardíaca, modificar la presión arterial y elevar la necesidad de oxígeno del miocardio. En personas sanas, estos cambios pueden pasar desapercibidos, pero en individuos con factores de riesgo o patologías cardíacas previas podrían favorecer arritmias, angina de pecho, infartos e incluso eventos cerebrovasculares”.
Por otro lado, la cirujana de cabeza y cuello Débora Vianna, doctora por la Facultad de Medicina de la USP, recuerda que la combustión de la planta produce partículas y compuestos potencialmente cancerígenos similares a los del tabaco tradicional. “La exposición frecuente a este humo puede inflamar crónicamente las mucosas de la boca, la garganta, la laringe y la cavidad oral, aumentando el riesgo de lesiones precancerosas y, en combinación con tabaco o alcohol, elevando notablemente la posibilidad de desarrollar tumores en esas regiones”.
Contexto histórico y técnico
El uso de la planta de cannabis se remonta a miles de años atrás, con registros de aplicaciones en la medicina tradicional china y en culturas mesoamericanas para el tratamiento de distintas afecciones. Sus efectos psicoactivos se deben principalmente al tetrahidrocannabinol (THC), mientras que otros compuestos como el cannabidiol (CBD) han mostrado potenciales beneficios terapéuticos sin producir euforia. En la actualidad, la regulación del cannabis varía ampliamente: mientras algunos países han legalizado su uso tanto médico como recreativo, otros mantienen restricciones severas o penalizaciones.
En España, el cultivo y consumo privado de cannabis para uso propio se tolera en determinados “clubes sociales de cultivo”, aunque su comercialización y el consumo en espacios públicos siguen estando prohibidos. A nivel internacional, organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) continúan evaluando la clasificación de esta sustancia y sus posibles aplicaciones médicas, así como sus riesgos.
Conclusión
El testimonio de Luana Piovani ha vuelto a situar el debate sobre el consumo prolongado de marihuana en primer plano. Si bien existen usos medicinales avalados por investigaciones científicas, el consumo diario y recreativo puede derivar en consecuencias físicas y mentales que es importante valorar. Ante la divulgación de experiencias personales, los expertos insisten en la necesidad de informarse de manera rigurosa, sopesar beneficios y riesgos, y consultar siempre con profesionales de la salud antes de iniciar o mantener cualquier hábito de consumo.


