Paul, el pulpo vidente de la Copa, elige entre cajas con las banderas de Alemania y Serbia en el acuario de Oberhausen. (Foto: Instagram)
Durante la Copa del Mundo de 2010, celebrada en Sudáfrica, una de las figuras más destacadas del torneo no calzaba botas de fútbol, no entonaba himnos ni salía al campo de juego. Vivía en un tanque del acuario Sea Life de Oberhausen, en Alemania. Se llamaba Paul, un pulpo que se convirtió en sensación global por una razón insólita: parecía anticipar con precisión los resultados de los encuentros de la selección alemana.
++ Herramienta de IA muestra cómo brasileños están automatizando parte de la renta mensual
El “ritual” era sencillo y constante. Los cuidadores del acuario colocaban frente a Paul dos cajas con alimento. Una caja lucía la bandera de Alemania y la otra, la bandera del rival correspondiente. El pulpo, tras explorarlas, seleccionaba una de ellas y esa opción se interpretaba como su predicción oficial para el partido. La noticia se difundió rápidamente cuando Paul comenzó a acertar una y otra vez.
++ Una mujer ganó en los tribunales el derecho a cegar con ácido al hombre que la atacó tras rechazar su propuesta de matrimonio
La selección alemana cosechó una campaña brillante en ese Mundial, y Paul fue elevado a la categoría de oráculo de ocho tentáculos. Periódicos, programas de televisión y aficionados seguían sus elecciones como si fueran boletines de un misterioso centro de mando. Para muchos, era un entretenimiento inocente; para otros, un asunto cada vez más extraño cuando sus pronósticos contradecían las expectativas.
El ambiente entre los seguidores cambió antes de la semifinal contra España. En esa ocasión, Paul escogió la caja con la bandera española, insinuando que Alemania sería eliminada. Para una selección en alza y una afición confiada, aquello supuso un jarro de agua fría en plena fiesta futbolística.
Cuando España venció y truncó el sueño alemán de disputar la final, Paul dejó de ser visto únicamente como curiosidad. Una parte de los aficionados comenzó a culparlo, como si el pulpo tuviera algún poder más allá de elegir comida. Según registros de la época, circularon amenazas en redes sociales y mensajes que llegaban a sugerir convertirlo en platos como calamares o paella.
Esta reacción reflejó uno de los aspectos más irracionales de la pasión por el fútbol: un animal inocente, cuya única “tarea” era escoger una caja, se transformó en blanco de la frustración de quienes no aceptaban la derrota. Al mismo tiempo, en España Paul fue celebrado casi como un talismán. El equipo español avanzó hasta la final contra Holanda y obtuvo su primer título mundial. En esa ocasión, el pulpo volvió a acertar.
En total, Paul predijo correctamente los siete partidos de Alemania en la Copa de 2010 y también anticipó con acierto el vencedor de la final. Concluido el torneo, su fama se mantuvo, pero el acuario intentó retomar la rutina habitual. Un portavoz declaró que Paul “no estaba en venta” y que dejaría de “actuar oficialmente” como oráculo.
En sus últimos meses de vida, Paul retomó la actividad normal de un cefalópodo en cautividad: entretenía a los visitantes y, sobre todo, hacía reír a los niños con su curiosa presencia. Falleció en octubre de 2010, a los dos años y medio de edad, y el equipo de Sea Life Oberhausen se declaró “devastado” por su muerte.
Aún años después, la historia de Paul resurge cada vez que se acerca una nueva Copa del Mundo. Se ha convertido en un símbolo de cómo el fútbol puede transformar cualquier detalle en superstición, espectáculo y motivo de debate global. De cara al Mundial de 2026, en ausencia del pulpo vidente, surgen otros “oráculos”. Uno de ellos es el matemático alemán Joachim Klement, responsable de predecir correctamente a los campeones de las tres últimas ediciones. En esta ocasión, Klement no apuesta por Alemania: su pronóstico señala a Holanda como ganadora inédita.


