Casado, padre de tres hijos, abuelo de cuatro nietos y hetero, el estadounidense Mark Bryan se ha convertido en un fenómeno en las redes sociales por un motivo insólito: acude cada día al trabajo vistiendo falda y tacones altos. A sus 61 años, este ingeniero mecánico afirma que su elección no obedece a ninguna corriente de moda ni a su orientación sexual, sino únicamente al confort y a la libertad para llevar la ropa que más le agrada y le resulta cómoda.
Residenciado en Alemania, Mark acumula más de 600 000 seguidores en sus perfiles sociales, donde comparte con regularidad los conjuntos que elige para sus jornadas laborales. En cada publicación, refuerza el mensaje de que la ropa no define ni el género ni la orientación de quien la lleva. “Estoy aquí para decir que cualquiera puede usar lo que desee. Deberíamos ser libres para vestir aquello con lo que nos sentimos más cómodos”, explicó en una entrevista para la agencia Ruptly.
Además, Bryan desmiente uno de los prejuicios más frecuentes que reciben hombres que optan por prendas consideradas tradicionalmente femeninas: “El hecho de que un hombre use falda no implica que sea gay; no tiene ninguna relación con la orientación sexual”. Esa claridad en sus palabras ha servido de ejemplo para desmontar estigmas en torno a la vestimenta masculina y ha abierto un debate sobre la libertad individual a la hora de elegir atuendo.
El interés de Mark por el calzado de tacón data de su juventud, cuando probó por primera vez, casi como juego, los zapatos de tacón de una pareja sentimental. No fue hasta décadas más tarde, en una fiesta formal a la que asistió junto a su esposa, cuando recibió elogios sobre su forma de andar con tacones. “Todos en aquella celebración dijeron que me sentaban muy bien y se sorprendieron de lo fácil que me resultaba caminar con ellos. Fue entonces cuando supe que quería incorporarlos a mi forma de vestir”, contó al mencionar una entrevista concedida a la revista Vogue.
Hoy combina tacones y faldas tanto en compromisos profesionales como en actividades cotidianas, sin modificar sus responsabilidades laborales. Además de su trabajo como ingeniero, ejerce como entrenador deportivo, demostrando que el calzado de tacón no limita la movilidad ni el rendimiento en tareas diarias. “A mi edad, ya no me importa la opinión ajena. Lo importante es sentirse uno mismo”, afirma con determinación.
Contexto histórico y cultural
El uso de tacones no nació como prenda femenina: en el siglo X, los jinetes persas empleaban un tipo de zapato con tacón para mantener el pie fijo en el estribo. Más tarde, en el siglo XVII, la nobleza europea masculina adoptó este calzado para ganar estatura y prestigio. Con el tiempo, el tacón pasó a vincularse socialmente con la moda femenina, aunque en la actualidad muchas casas de moda y diseñadores reivindican su uso genderless.
De igual manera, la falda ha formado parte históricamente del guardarropa masculino en distintas culturas. En la Antigua Roma existía la toga; en Escocia, el kilt es aún hoy una prenda tradicional masculina; en varias regiones de Oriente Medio y el norte de África, las túnicas largas son habituales en el atuendo masculino. Esa tradición demuestra que la división de la moda por géneros es, en buena medida, una construcción cultural que puede variar a lo largo del tiempo y el espacio.
En los últimos años, el debate sobre moda unisex ha cobrado fuerza en pasarelas y medios de comunicación. Diseñadores de renombre incluyen en sus colecciones piezas sin distinción de género, y algunas marcas apuestan por líneas “gender fluid” o “gender neutral”. El caso de Mark Bryan se inscribe en esta tendencia global, al reivindicar que la libertad de vestir lo que se desea no debería estar condicionada por etiquetas ni estereotipos.
Para sus seguidores, el mensaje de Bryan es claro y sencillo: la ropa es solo ropa y no determina la identidad ni el valor de una persona. Con su ejemplo, invita a cuestionar prejuicios y a abrir la visión sobre la diversidad de opciones en la moda contemporánea.


