El 30 de junio de 2009, el vuelo 626 de la compañía aérea Yemenia se estrelló en el Océano Índico, provocando la muerte de 152 de las 153 personas que viajaban a bordo. La única superviviente fue Bahia Bakari, una niña de 12 años que logró aferrarse a un fragmento de la aeronave y permanecer a la deriva durante casi 11 horas antes de ser rescatada.
Según los testimonios de los equipos de búsqueda y rescate, Bahia fue localizada cuando comenzaban las labores de rastreo en condiciones extremadamente adversas. El mar se encontraba agitado, con oleaje fuerte, y la presencia de combustible procedente de los depósitos del avión flotaba en la superficie, lo que dificultó la localización de cualquier posible superviviente. La menor estaba herida, no llevaba chaleco salvavidas y no sabía nadar, pero logró mantenerse consciente mientras el tiempo transcurría y las corrientes la desplazaban.
Los socorristas que participaron en la operación relataron que, al momento de su hallazgo, Bahia presentaba claros signos de agotamiento y de hipotermia moderada, pero seguía consciente. Este cuadro clínico era esperable tras tantas horas de exposición al agua salada y a la baja temperatura del océano, sin embargo su resistencia física y mental resultó determinante para sobrevivir. El rescate tuvo lugar a escasa distancia de la isla Anjouan, en el archipiélago de Comoras, tras un intenso rastreo aéreo y marítimo en el que intervinieron embarcaciones de la Marina de Francia y de Comoras, así como aviones de reconocimiento.
El vuelo 626 partió de Sanaa, la capital de Yemen, con destino a Moroni, en Comoras, cubriendo una ruta de unos 2.000 kilómetros sobre el Océano Índico. La aeronave era un Airbus A310 en servicio desde mediados de la década de 1980, adquirido por Yemenia tras haber operado para varias aerolíneas europeas. La investigación posterior al accidente determinó que una combinación de factores de viento y errores de pilotaje durante la aproximación final provocaron la pérdida de sustentación y el impacto contra el agua.
Tras el rescate, Bahia fue trasladada en un helicóptero de la Armada francesa hasta el hospital de Mayotte, donde recibió atención médica por sus lesiones. Más adelante, regresó a Francia y publicó en 2010 un libro titulado “Moi Bahia, la miraculée” (“Yo, Bahia, la milagrosa”), en el que describe su vivencia personal, el instinto de supervivencia que la llevó a aferrarse al fuselaje flotante y el duelo por la pérdida de su madre, que también viajaba en el vuelo.
En 2022, la Justicia francesa condenó a la aerolínea Yemenia Airways por negligencia, tras un proceso judicial que se prolongó durante más de una década. El fallo subrayó fallos en la formación de la tripulación y en los procedimientos de aproximación en condiciones meteorológicas adversas. Con esta sentencia, las familias de las víctimas accedieron a una compensación económica, y la aerolínea se vio obligada a revisar sus protocolos de seguridad.
El caso de Bahia Bakari se ha convertido en un ejemplo extremo de supervivencia en el mar. Los expertos en seguridad aérea recuerdan esta historia cada vez que se abordan cuestiones sobre el diseño de fuselajes capaces de flotar, la importancia de los chalecos salvavidas y la necesidad de optimizar los sistemas de localización de homing pingers en los siniestros marítimos. Además, su experiencia alerta sobre los peligros de la fatiga física y el riesgo de hipotermia en accidentes de esta naturaleza.
Contento de haber sobrevivido, Bahia ha mantenido un perfil discreto, aunque su relato personal sirvió para reclamar mejoras en la normativa de seguridad europea y africana. Hoy, más de una década después, su caso sigue siendo estudiado en manuales de formación de pilotos y equipos de emergencia como un ejemplo de valentía y de la relevancia de los protocolos de rescate marítimo.


