Ana Obregón recordó el intenso proceso de duelo tras el fallecimiento de su hijo, Aless Lequio, y volvió a relatar públicamente la decisión de traer al mundo a Anita Sandra, bebé concebida un año después de la muerte del joven mediante el uso de esperma congelado. A sus 70 años, la actriz aseguró que la llegada de la niña transformó por completo su rutina diaria y pasó a ocupar un espacio central en sus días tras años de profundo sufrimiento.
La historia obtuvo repercusión internacional cuando, en 2022, Ana anunció el nacimiento de la pequeña en Estados Unidos gracias a un proceso de gestación subrogada. Meses después, la propia artista explicó que la bebé era, en realidad, su nieta biológica, concebida con el material genético que Aless había decidido preservar antes de fallecer víctima de un sarcoma de Ewing, un tipo poco frecuente y muy agresivo de tumor óseo que afecta sobre todo a adolescentes y adultos jóvenes.
“El sarcoma de Ewing es un cáncer que suele desarrollarse en los huesos largos del cuerpo, como piernas y pelvis, y se caracteriza por su rápida progresión y necesidades de tratamientos intensivos, como quimioterapia y cirugía reconstructiva”, aclararon especialistas médicos al informar sobre la dolencia que acabó con la vida de Aless. Precisamente, la preservación de esperma antes de someterse a tratamientos oncológicos se ha convertido en una medida cada vez más habitual para garantizar la posibilidad de tener hijos biológicos en el futuro.
“Estuve muerta durante tres años, desde la muerte de Aless hasta el nacimiento de Anita. Ahora, ella llena mis días”, declaró Ana Obregón en una entrevista para la revista ¡Hola!. Según la actriz, la decisión de recurrir a esta técnica respondió a un deseo expreso de su hijo fallecido, que había manifestado su voluntad de ser padre antes de iniciar el tratamiento contra la enfermedad.
Aunque en España la gestación subrogada está expresamente prohibida por el ordenamiento jurídico, muchas personas españolas optan por desplazarse a Estados Unidos u otros países donde la práctica cuenta con un marco legal más flexible. En el caso de Ana Obregón, el procedimiento se llevó a cabo en un estado norteamericano que regula estrictamente los contratos de maternidad subrogada y exige el cumplimiento de requisitos sanitarios antes de autorizar la transferencia embrionaria.
Legalmente, Anita Sandra fue inscrita en el registro civil estadounidense como hija de Ana Obregón, a pesar de ser nieta biológica de la actriz. Este paso administrativo asegura su filiación y le otorga la nacionalidad correspondiente al contar con la documentación oficial emitida por el estado donde nació.
Respecto a la vida cotidiana, Ana confesó que su hogar en Alcobendas, en las afueras de Madrid, se ha visto completamente transformado. “Ahora mi casa está llena de juguetes, muñecos y cuentos. Incluso he instalado una piscina de bolas para que juegue; me sumerjo con ella y es una experiencia maravillosa”, relató con alegría. Sin embargo, la maternidad a los 70 años también implica retos físicos: “Mis espaldas duelen cada vez más al cargarla, pero no cambiaría esta etapa por nada. Ella me ha devuelto las ganas de vivir”.
El duelo por Aless continúa muy presente. “No se acepta ni se supera la muerte de un hijo. Solo aprendes a convivir con esa ausencia”, reconoció la actriz. Añadió que la maternidad tardía le ha enseñado a valorar cada instante y a enfrentar el temor constante de perder a un ser querido de nuevo: “Con Aless salía a trabajar confiada; nunca pensé que un día recibiría un diagnóstico tan devastador”.
En cuanto a las críticas por haber recurrido a la gestación subrogada, práctica ilegal en su país, Ana Obregón lamentó la falta de empatía: “Hay quienes juzgan sin ponerse en el lugar de los afectados. Yo he vivido mi dolor en soledad y ahora soy responsable de mi propia recuperación”. Para ella, Anita Sandra representa un faro de esperanza y sanación emocional: “Es un ser de luz, igual de inteligente que su padre. Vive pidiendo abrazos, no solo para ella, sino para que yo abrace a los demás. Hace unos días, hasta me obligó a abrazar al fontanero cuando vino a casa”.
Este caso vuelve a situar en el debate público cuestiones como la preservación de material genético antes de tratamientos oncológicos, la gestación subrogada en el extranjero y los límites éticos y legales de la reproducción asistida en España. A través de su testimonio, Ana Obregón combina el relato íntimo de su propio duelo con la difusión de información sobre técnicas médicas y normativas internacionales relacionadas con la maternidad y el derecho a la vida familiar.


