
Más de 15 años después de la operación que resultó en la muerte de Osama Bin Laden, los detalles de aquella noche siguen llamando la atención por el clima de tensión en el complejo donde se encontraba escondido en Pakistán. La acción tuvo lugar el 2 de mayo de 2011, cuando la fuerza especial Navy SEALs invadió la propiedad en Abbottabad, acabando con la vida del hombre que durante años fue considerado el terrorista más buscado del mundo.
Amal, la esposa más joven de Bin Laden, relató que la madrugada comenzó con un sonido extraño procedente del cielo. En una entrevista al Sunday Times en 2017, explicó que la familia fue despertada por el ruido de un helicóptero sobrevolando el lugar. Poco después, las paredes comenzaron a temblar, indicando que algo había roto la seguridad del escondite.
En ese instante, Bin Laden supuestamente instruyó a uno de sus hijos a coger un arma y pidió a sus esposas que descendieran, diciendo: “Ellos me quieren a mí, no a ustedes”. Amal, sin embargo, permaneció en la habitación con Hussein, el hijo de dos años de la pareja. Mientras escuchaban los sonidos de los militares adentrándose en el complejo, se dio cuenta de que no existía una ruta de escape clara ni ventanas accesibles.
Según Amal, las últimas palabras de Bin Laden fueron directas y urgentes: “No enciendan la luz”. La orden, no obstante, resultó inútil. De acuerdo con los informes de la operación, los SEALs ya habían cortado la energía del complejo de forma remota, dejando todo a oscuras y facilitando el efecto sorpresa. Poco después, los especialistas entraron en la habitación.
Amal relató que corrió hacia el primer militar que vio y, en ese instante, sintió un dolor intenso en la pierna al caer, pues había sido alcanzada por una bala. Instantes más tarde, los soldados dirigieron sus armas hacia Bin Laden, que fue abatido dentro de su escondite.
La estructura del complejo también formó parte de la historia. Las medidas de seguridad estaban diseñadas para impedir la observación desde el exterior, lo que convertía al refugio en una fortaleza cerrada pero ofrecía escasa visibilidad del entorno para quienes estaban dentro. Las paredes gruesas y la disposición de los pasillos buscaban aislar a los ocupantes, a pesar de que no proporcionaban rutas de huida viables.
Según la revista Time, Bin Laden llevaba dinero cosido en el interior de su ropa y dos teléfonos móviles que podían emplearse para solicitar ayuda. En la práctica, ninguno de esos elementos habría servido contra un equipo especializado que finalmente había localizado su paradero con precisión.
El encuentro dentro de la habitación
Robert J. O’Neill, el exSEAL que afirma haber disparado los tiros letales, describió el momento en que se encontró cara a cara con Bin Laden en el documental American Manhunt: Osama bin Laden, de Netflix.
“Me giro hacia este lado y, ante mí, a unos 60 centímetros, está Osama Bin Laden. Fue uno de esos instantes de la vida en que todo parece ralentizarse”, relató. O’Neill añadió que lo reconoció de inmediato: “Era más alto de lo que pensaba, más delgado de lo que creía, su barba era gris y blanca, pero reconocí la nariz. Era definitivamente él. No se estaba rindiendo, era una amenaza no solo para mí, sino para todo mi equipo. Tenía que morir”.
Según su relato, Bin Laden cayó a los pies de la cama tras recibir los disparos. El exmilitar explicó que, tras neutralizar al objetivo, sacó a Amal y al niño de la zona inmediata. “Su hijo, de dos años, estaba allí de pie, y esa es la humanidad de todo esto. Ese niño no tenía nada que ver con todo aquello. Soy padre. Lo cogí en brazos y los coloqué detrás de la cama”.
Contexto adicional
La misión, de alta complejidad y estricta confidencialidad, estuvo a cargo de SEAL Team Six, una unidad de élite especializada en asaltos clandestinos y operaciones de inteligencia en entornos hostiles. Para garantizar el factor sorpresa, se emplearon helicópteros equipados con tecnología furtiva capaz de reducir la firma radar. Abbottabad, la ciudad pakistaní donde se encontraba el complejo, es una localidad del norte de Pakistán conocida por albergar centros de entrenamiento militares, lo que complicó aún más la detección del escondite.
La operación fue planificada durante meses, con coordinación entre agencias de inteligencia y mando de operaciones especiales, y se llevó a cabo con el máximo nivel de reserva. Su éxito marcó un hito en la lucha antiterrorista y supuso un golpe significativo a la red de Al Qaeda. Sin embargo, también suscitó debate internacional en torno a la legalidad de incursiones en territorio soberano y la responsabilidad de los países implicados en la seguridad regional.


