Imagen: Zona de subducción de Cascadia en fragmentación gradual (Foto: Instagram)
El fondo del océano en el noroeste del Pacífico está experimentando un fenómeno raro e impresionante: una sección de la corteza oceánica se está fragmentando mientras se hunde bajo la placa de la América del Norte. Investigadores del Experimento de Imágenes Sísmicas de Cascadia, conocido como CASIE21, identificaron este proceso y lo describieron en un estudio publicado en la revista Science Advances.
El estudio se centra en las placas tectónicas Juan de Fuca y Explorer, que forman parte de la compleja zona de subducción de Cascadia. En esta región, una placa oceánica se desliza lentamente bajo la placa norteamericana. Estas áreas son de gran interés científico debido a la formación de cordilleras, volcanes, terremotos y cambios notables en el relieve terrestre.
La novedad principal es que los científicos lograron observar con claridad algo que antes resultaba difícil de visualizar: una zona de subducción en proceso de desaparición. En lugar de hundirse de manera uniforme, la placa se está desgarrando poco a poco, creando bloques más pequeños y nuevos límites geológicos.
Brandon Shuck, profesor adjunto de la Universidad Estatal de Luisiana y autor principal del estudio, subrayó la relevancia del hallazgo. “Esta es la primera vez que tenemos una imagen nítida de una zona de subducción en pleno proceso de desaparición”, afirmó en declaraciones recogidas por ScienceDaily.
Para ilustrar el fenómeno, Shuck comparó el proceso con un descarrilamiento de tren muy lento. “En lugar de colapsar de golpe, la placa se está desintegrando gradualmente, formando microplacas y nuevos límites. Es como ver un tren descarrilar vagón a vagón, de manera pausada”, explicó.
Imágenes sísmicas que penetran hasta grandes profundidades han revelado una falla de aproximadamente 75 kilómetros de longitud atravesando la placa de Juan de Fuca. Según los investigadores, esta fractura no es un vestigio antiguo, sino que continúa activa como parte de un proceso de fragmentación en curso.
Pese al nombre alarmante, esta ruptura no implica que el suelo oceánico se abra de forma repentina. La transformación ocurre a lo largo de millones de años, un lapso demasiado prolongado para notarse de manera inmediata. Sin embargo, para la geología representa un cambio de gran calado.
Uno de los aspectos más llamativos del estudio se detecta en zonas de actividad sísmica menor a la esperada. En ciertas regiones de la placa, la fractura está presente, pero los terremotos escasean. Para los científicos, ello puede indicar que algunos fragmentos ya se han separado de la placa principal.
Cuando una porción se desconecta del sistema mayor, deja de acumular tensión de la misma forma, lo que explica por qué algunas áreas fracturadas no generan tantos movimientos sísmicos o vulcanismo. “Aún no se ha desprendido por completo, pero está cerca de hacerlo”, señaló Shuck, matizando que esa “proximidad” debe entenderse en términos geológicos, es decir, en escalas temporales de millones de años.
El estudio combina imágenes sísmicas profundas con catálogos de terremotos registrados en la región. Gracias a ello, se construyó un mapa interno de la placa, que revela grandes grietas que atraviesan la corteza oceánica y se extienden hacia el manto terrestre.
Este hallazgo contribuye a comprender cómo nacen, se mueven, envejecen y desaparecen las placas tectónicas. En las zonas de subducción, la litosfera oceánica suele sumergirse bajo otra placa, pero cuando una dorsal oceánica se aproxima a una fosa, la corteza más joven, caliente y flotante puede resistir ese hundimiento y generar deformaciones, rupturas y fragmentaciones internas.
Suzanne Carbotte, científica del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty, recordó que la desaceleración de las placas ya se conocía, pero nunca se había observado con tanto detalle. “Estos nuevos datos nos permiten entender mejor el ciclo de vida de las placas que dan forma a nuestro planeta”, añadió.
Aunque este descubrimiento no modifica de inmediato el riesgo de grandes terremotos o tsunamis en la región, la zona de Cascadia sigue siendo monitoreada atentamente. La fractura estudiada representa un proceso lento y profundo, no una amenaza inmediata.
De forma más amplia, la red de fallas identificada en el noroeste del Pacífico demuestra que el fondo oceánico no es una superficie estática: es una estructura activa, sometida a fuerzas gigantescas que la redefinen constantemente bajo el agua.


