La misión Artemis II representa un hito importante en la exploración espacial moderna. El miércoles 1 de abril, un cohete de unos 98 metros de altura despegó desde la Tierra, llevando a cuatro astronautas rumbo a la Luna. La tripulación está formada por Christina Koch, Reid Wiseman y Victor Glover, de la NASA, además de Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense. Este grupo marca el regreso de los seres humanos a las cercanías lunares tras varias décadas.
La primera fase de la misión incluyó unas 25 horas de vuelo en órbita terrestre. Durante ese periodo, los astronautas mantuvieron comunicación constante con el control de la misión, compartiendo sus impresiones visuales del planeta visto desde el espacio. Reid Wiseman describió las vistas como “fenomenales” mientras la cápsula Orion se preparaba para la maniobra necesaria para escapar de la gravedad terrestre y dirigirse hacia la Luna.
Tras abandonar la órbita de la Tierra, la nave Orion se encaminó hacia la cara oculta de la Luna. El plan de vuelo prevé que la cápsula viaje unos 6.400 kilómetros más allá del satélite natural. El lunes 6 de abril está programado un sobrevuelo lunar, situando a la tripulación a unos 405.500 kilómetros de la Tierra, una de las distancias más lejanas alcanzadas por humanos en el espacio profundo.
Contrariamente a la creencia popular de que los astronautas de misiones históricas como Artemis II reciben sueldos millonarios, la realidad es que su remuneración se basa en escalas salariales gubernamentales. Los astronautas de la NASA cobran según la tabla de “servicios generales”, el sistema establecido para fijar los salarios de los empleados federales en Estados Unidos.
En la actualidad, un astronauta de la NASA percibe aproximadamente 152.258 dólares al año, lo que equivale a alrededor de 140.000 euros según la tasa de conversión vigente. No existe confirmación pública de incrementos desde esa última actualización. Este importe se ajusta periódicamente en función de criterios de la administración pública, como la antigüedad en el servicio y la ubicación del puesto de trabajo.
La retribución total está influida por tres factores principales: la complejidad de las tareas desempeñadas, el tiempo de carrera dentro de la institución y la región donde se encuentra destinado el profesional. En la Agencia Espacial Canadiense, el método de cálculo es similar, aunque dividido en tres categorías distintas: nivel de entrada, cualificado y senior.
La escala salarial para los astronautas canadienses varía entre 97.100 y 189.600 dólares anuales, lo que equivale aproximadamente a un abanico de 89.400 a 174.400 euros. Aunque estas cifras superan con creces los salarios de muchas profesiones terrestres, se consideran moderadas frente a los riesgos y la complejidad técnica del trabajo espacial. La motivación de estos profesionales suele estar vinculada al sueño de formar parte de la historia y contribuir al avance científico.
Para alcanzar la posición ocupada por la tripulación de Artemis II, los aspirantes deben superar un proceso de selección extremadamente competitivo. En la última convocatoria de la NASA, en 2024, más de 8.000 personas presentaron su candidatura. De ellas, solo diez fueron elegidas para el entrenamiento de astronautas. Históricamente, la agencia ha seleccionado apenas 370 astronautas desde el inicio de sus programas.
Existen requisitos físicos y de nacionalidad muy estrictos. Para ser astronauta de la NASA es obligatorio ser ciudadano de Estados Unidos. En cuanto a estatura, los candidatos deben medir entre 1,57 y 1,88 metros. Además, se exige un título de máster en un área STEM, que incluye disciplinas como ingeniería, ciencias biológicas, ciencias físicas, informática o matemáticas.
El requisito de máster puede ser sustituido por otras cualificaciones académicas o profesionales: se aceptan dos años de trabajo en un programa de doctorado en áreas afines o un título en Medicina u Osteopatía. También se consideran válidos aquellos que hayan completado un programa de escuela de pilotos de pruebas reconocido a nivel nacional. La experiencia práctica resulta crucial para la aprobación final.
Los aspirantes deben acreditar al menos dos años de experiencia profesional relacionada tras finalizar los estudios. En el caso de los pilotos, se requiere un mínimo de 1.000 horas de vuelo como mando al mando en aeronaves a reacción. Todos los candidatos deben superar el examen médico de la NASA para vuelos de larga duración, el cual evalúa la resistencia y el estado de salud general en condiciones extremas.
Una vez enviada la solicitud, el Consejo de Selección de Astronautas revisa la información y evalúa las cualificaciones de cada candidato. El consejo invita a un grupo reducido de aspirantes altamente cualificados a entrevistas presenciales en el Johnson Space Center, en Houston, Texas. Este proceso se divide en varias fases eliminatorias que ponen a prueba tanto los conocimientos técnicos como la estabilidad psicológica.
De los entrevistados en la primera ronda, aproximadamente la mitad es invitada a una segunda tanda de entrevistas. Es de este grupo final de donde la NASA elige a sus nuevos astronautas. Los seleccionados afrontan años de entrenamiento antes de ser asignados a una misión real. La preparación incluye simulaciones de caminatas espaciales, estudio de sistemas complejos de la nave y protocolos de emergencia.
La misión Artemis II no contempla un aterrizaje en la superficie lunar. El objetivo principal es validar todos los sistemas de soporte vital y las capacidades de maniobra de la cápsula Orion con tripulación a bordo. Este vuelo establece las bases para futuros descensos lunares tripulados. Además, la NASA emplea los datos recogidos en estas misiones para planificar el envío de tripulaciones a Marte en las próximas décadas.
La duración total del viaje está prevista en diez días. Tras completar la trayectoria alrededor de la Luna, la cápsula Orion iniciará el regreso a la Tierra, con el objetivo de amerizar en el océano Pacífico. El éxito de esta fase es fundamental para validar las tecnologías que permitirán una exploración sostenible del espacio profundo y mantener presencia humana prolongada fuera de la órbita terrestre.
El cuarteto de Artemis II asume la responsabilidad de probar los límites de la tecnología actual. Christina Koch ya ostenta récords de permanencia en el espacio, y su participación refuerza la experiencia técnica del equipo. Victor Glover actúa como piloto, mientras Reid Wiseman ejerce como comandante, y Jeremy Hansen aporta la colaboración internacional, un factor clave en proyectos de gran envergadura.
Las discusiones sobre los salarios y las exigencias de la carrera espacial ponen de relieve que el camino hacia el espacio exige sacrificios que van más allá del esfuerzo intelectual. Los astronautas afrontan riesgos de vida inherentes a la profesión y pasan largos periodos alejados de sus familias para entrenar y ejecutar las misiones. Su dedicación permite que agencias como la NASA y la Agencia Espacial Canadiense continúen expandiendo las fronteras del conocimiento.
El regreso de estos cuatro astronautas está previsto para unos diez días después del lanzamiento. Los datos recopilados durante los 405.500 kilómetros de trayecto serán analizados por equipos de ingenieros y científicos en tierra. Cada detalle del comportamiento de la Orion y de las reacciones físicas de la tripulación en el espacio profundo se documentará para las siguientes fases del programa lunar.
Las bases establecidas por este vuelo son esenciales para la próxima etapa, que incluirá el descenso de astronautas a la superficie lunar. La infraestructura desarrollada ahora también está diseñada para ser adaptable. Los sistemas de comunicación y navegación probados en la cara oculta de la Luna son prototipos de lo que será necesario para conexiones seguras en viajes interplanetarios de mayor envergadura, como el viaje a Marte.
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