El caso del bebé Brian Thomas Gallagher, que vivió solo 43 minutos tras nacer en 1982, ha vuelto a llamar la atención después de que su cuerpo fuera hallado sin signos aparentes de descomposición 37 años después de su entierro. Esta constatación se produjo en 2019, durante el proceso de exhumación para trasladar los restos a otro cementerio en Estados Unidos.
Brian nació el 16 de junio de 1982 en Fort Knox, en el estado de Kentucky, hijo de Shawn y Mary Pat Gallagher, pertenecientes a una familia católica. Según los registros médicos, la causa del óbito fue una parada cardiorrespiratoria provocada por anoxia cerebral derivada de asfixia durante el parto, ocurrida apenas 43 minutos tras su nacimiento.
En aquella ocasión, al temer por su supervivencia, sus padres solicitaron que el bebé recibiera el sacramento del bautismo por un capellán militar católico. Investigaciones posteriores han señalado que no existe constancia formal del rito en los registros eclesiásticos y que una nota hospitalaria apunta que el bautismo pudo haberse realizado aproximadamente 35 minutos después de que se declarara su muerte.
Tras su fallecimiento, el cuerpo fue enterrado en el cementerio católico de St. Mary’s, en Highmore, Dakota del Sur, cercano a los familiares paternos. Décadas más tarde, en 2019, la familia decidió trasladar los restos al Black Hills National Cemetery, próximo a Sturgis, con la intención de reunir finalmente allí a todos sus seres queridos.
Durante la exhumación, el ataúd original fue abierto con una retroexcavadora y, según relatan los responsables de la funeraria, el cadáver del bebé se encontraba intacto, sin hallarse los habituales signos de descomposición tras varias décadas bajo tierra. Fue posible retirar y lavar la ropa y el cobertor que envolvían el cuerpo sin que se apreciaran deterioros, lo que sorprendió a los profesionales encargados del traslado.
El embalamiento y la conservación del cuerpo tras una autopsia previa explican en parte esta preservación, dado que el embalsamamiento puede retrasar el proceso de descomposición al sustituir los fluidos corporales por soluciones conservantes. Sin embargo, los expertos en servicios funerarios señalan que, incluso en cuerpos embalsamados, tras años de enterramiento es habitual la aparición de cambios de color, rigidez y deshidratación progresiva de los tejidos, de modo que la conservación completa resulta atípica.
En el contexto del rito católico, el bautismo de emergencia —también denominado bautismo de urgencia— se practica cuando existe peligro de muerte inminente y no se dispone de sacerdote. Cualquier persona puede administrar el sacramento vertiendo agua sobre la cabeza del sujeto mientras se pronuncia la fórmula trinitaria. Según la doctrina, este rito imprime carácter indeleble y abre la vida espiritual del individuo, hecho que para algunos fieles podría vincularse a manifestaciones extraordinarias como la incorruptibilidad.
En la tradición de la Iglesia, la incorruptibilidad de un cuerpo se ha interpretado en ocasiones como un signo de santidad, pero por sí sola no basta para iniciar un proceso de canonización. Para declarar a alguien santo, la Santa Sede exige un procedimiento riguroso que incluye la investigación histórica de la vida del candidato, el juicio teológico y la verificación de al menos dos milagros atribuidos a su intercesión tras la muerte. Este proceso se divide en varias fases: siervo de Dios, venerable, beato y finalmente santo, y puede prolongarse durante años o incluso décadas.
A lo largo de la historia, se han documentado casos de cuerpos incorruptos, como los de Santa Teresa de Ávila o San Juan María Vianney, pero siempre se analizan las condiciones de enterramiento, el clima, la humedad y las técnicas de conservación para descartar causas meramente naturales. Hasta la fecha, no existe ninguna declaración oficial del Vaticano o de la diócesis local que anuncie la apertura de una causa de canonización en favor del bebé Brian. El hallazgo continúa suscitando curiosidad entre fieles y expertos, aunque de momento se afronta como un caso singular de preservación corporal a largo plazo y no como un paso formal hacia la santidad.


