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Hombre enfrenta solo a 3 hombres armados y impide que 37 niños sean asesinados

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Anthony Omari, de 24 años, se enfrentó a tres hombres armados con machetes que invadieron el Faraja Children’s Home, en Ngong (Kenia), en la noche del 23 de enero de 2012. Cuidador del orfanato donde viven 37 niños abandonados u huérfanos, reaccionó para proteger a los menores, resultó herido en el rostro y tuvo que recibir 11 puntos de sutura.

El Faraja Children’s Home acoge a niñas y niños que han sido abandonados o han quedado huérfanos. La institución está dirigida por la madre de Omari, conocida por los pequeños como “Momma”. Omari vivía en el lugar y era el único hombre adulto, encargado también de la seguridad de las instalaciones y del bienestar de los menores a su cargo.

Según diversos testimonios, el orfanato ya había sido atacado en otras ocasiones ese mismo mes. En un incidente previo, Omari sorprendió a los agresores durante la madrugada y lanzó un martillo contra uno de ellos, provocando que el grupo huyera sin causar más daños.

En la noche del ataque más grave, los tres asaltantes accedieron a la habitación donde él dormía. Al percatarse de su presencia, tomó el martillo que mantenía bajo la cama. Uno de los atacantes arrojó un machete en su dirección, pero Omari logró esquivarlo. A continuación, se lanzó contra los invasores y consiguió expulsarlos tanto del dormitorio como del interior del orfanato.

Ya en el exterior, al escuchar el llanto de los niños, Omari regresó hacia la entrada. En ese momento fue alcanzado por un golpe de machete en el rostro. A pesar de estar herido y con la visión entorpecida por la sangre, volvió a reaccionar, cerró la puerta con llave y aseguró el lugar antes de perder la consciencia. Tras pasar dos días hospitalizado, regresó al orfanato para retomar sus funciones de cuidador y protector de los menores.

La historia cobró repercusión internacional cuando Ben Hardwick, entonces estudiante de la Universidad Estatal de Pensilvania y voluntario en una organización cercana, publicó el caso en una plataforma de donaciones solicitando 2.000 dólares (unos 1.860 €) para reforzar la seguridad del orfanato. En apenas 24 horas, la campaña recaudó 65.000 dólares (aprox. 60.450 €). Posteriormente, la cifra superó los 83.000 dólares (unos 77.190 €), con aportaciones de personas en 46 países. Con este montante se construyó un muro de piedra de unos 2,5 metros de altura, se adquirieron nuevas camas, se contrataron dos guardias nocturnos y se instalaron cerraduras más resistentes.

Ngong es una pequeña localidad situada a unos 20 kilómetros al suroeste de Nairobi, capital de Kenia. En esta región, las herramientas agrícolas como los machetes son de uso común, pero también se emplean con fines violentos, lo que ha llevado a varias organizaciones que acogen menores vulnerables a reforzar sus sistemas de vigilancia y protección perimetral.

Desde comienzos de la década de 2000, el número de huérfanos y niños desplazados en Kenia ha crecido debido a conflictos internos y crisis sociales. Muchos orfanatos, con recursos limitados y dependientes de donaciones puntuales, enfrentan el reto de garantizar tanto el bienestar como la seguridad de los menores, lo que convierte acciones heroicas como la de Anthony Omari en ejemplos de valor y compromiso con la infancia más desprotegida.

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