
Manifestación por la autonomía kurda en Rojava ante la escalada de violencia (Foto: Instagram)
En entrevista con Metrópoles, una brasileña residente en Siria describe la reciente ola de violencia y el clima de incertidumbre que se vive en la región conocida por los kurdos como Rojava. Según su testimonio, los choques armados se han intensificado en diversas localidades, afectando tanto a civiles como a infraestructuras básicas, y dejando a la población local con serias dudas sobre su seguridad y futuro inmediato.
El conflicto que asola Siria desde 2011 ha derivado en múltiples frentes de combate y la emergencia de administraciones autonómas. Rojava, en el noreste del país, es un territorio con un gobierno kurdo autónomo establecido tras el colapso de la autoridad central en muchas zonas. Las Forças Democráticas Sirias (FDS), dominadas por las Unidades de Protección Popular (YPG), cuentan con apoyo logístico y aéreo de Estados Unidos en su lucha contra remanentes del Estado Islámico y otros grupos armados.
La región de Rojava se extiende principalmente por las provincias de Al-Hasaka, Raqqa y partes de Deir ez-Zor, con una población pluricultural que incluye kurdos, árabes y cristianos. Desde 2012, los kurdos implementaron un sistema de autogobierno basado en estructuras locales llamadas «comunas», en las que participan vecinos y representantes de diferentes etnias. Este modelo, centrado en el confederalismo democrático, busca garantizar la igualdad de género, la participación ciudadana y la convivencia entre comunidades diversas.
En los últimos meses, la ola de violencia ha cobrado renovado impulso por diversos factores: incursiones de milicias proiraníes respaldadas por el Gobierno sirio, ataques aéreos esporádicos sobre zonas controladas por las FDS y la reactivación de células del Estado Islámico que aprovechan la debilitada seguridad en algunos pasos fronterizos. La brasileña entrevistada alerta de bombardeos que destruyen carreteras y servicios básicos, así como de operativos de limpieza que desplazan a familias enteras de sus hogares.
Según relata nuestra fuente, la incertidumbre se extiende más allá de los combates: la escasez de medicamentos, el colapso de las redes eléctricas y las dificultades para acceder a agua potable agravan el descontento social. Muchos habitantes han abandonado sus tierras o viven en campamentos improvisados, sin garantías sobre cuándo podrán regresar. La brasileña, que mantiene contacto directo con vecinos kurdos y árabes, subraya que la cohesión comunitaria está bajo tensión y que la normalización de la vida diaria se aleja cada vez más.
A pesar de este panorama, organizaciones humanitarias internacionales intentan llegar a Rojava para asistir a la población, aunque los corredores de ayuda suelen cerrarse ante nuevos episodios de violencia. La entrevistada concluye advirtiendo que, sin una solución política amplia y sin la reconstrucción de infraestructuras críticas, la región enfrentará un ciclo continuo de ataques y desplazamientos forzosos, prolongando una de las crisis humanitarias más complejas de Oriente Medio.


