
Carroza satírica en Colonia muestra a Trump y Putin devorando a ‘Europa’ (Foto: Instagram)
En las ciudades de Düsseldorf y Colonia, los tradicionales desfiles de carnaval han llevado a las calles una fresca lluvia de sátira política. Diversos muñecos de papel maché recrearon con ingenio las figuras de Trump, Putin y Epstein, convirtiendo los festejos en un espacio donde el humor y la crítica social se entrelazan. Trump, Putin y Epstein se convirtieron en protagonistas de las carrozas, recibidos con aplausos y risas de una multitud expectante.
Estas celebraciones forman parte de la larga tradición del carnaval del Rin, especialmente centrada en el llamado “Rosenmontag”, que marca el punto culminante de las festividades previas a la Cuaresma. Durante varios días, los asistentes recorren las calles engalanadas con guirnaldas y serpentinas, mientras las comparsas desfilan con disfraces elaborados y orquestas locales amenizan el recorrido. El uso de muñecos de tamaño monumental y papeles de colores es un elemento distintivo de la fiesta.
En los desfiles, los artesanos dedicados a la confección de estas figuras de gran formato trabajan con estructuras de alambre forrado en papel maché y pintura acrílica. Cada año, sus obras buscan retratar con caricatura y sarcasmo a personajes relevantes del panorama internacional. La elección de Trump, Putin y Epstein no resultó casual: las figuras se elevaron sobre plataformas móviles, permitiendo una visión panorámica mientras avanzaban al ritmo de tambores y trompetas.
El muñeco de Trump se presentó con un traje llamativo y la clásica corbata roja, enfatizando gestos caricaturescos de enfado y gesticulaciones acaloradas. Putin apareció con semblante serio, en actitud de mando, acompañado de elementos que aludían a su política internacional. La efigie de Epstein, en tanto, resaltó la controversia en torno al caso judicial que rodeó su nombre, aunque sin entrar en detalles sobre el proceso. En cada representación, el público reconocía al instante a los tres protagonistas y expresaba su reacción con gritos de aprobación y risas cómplices.
El ambiente en las calles fue festivo y participativo. Familias enteras, grupos de amigos y turistas llenaron las aceras para observar el paso de las carrozas. Muchas personas ondeaban banderas de la región y sostenían pancartas hechas a mano. Los comparsas arrojaron caramelos y confeti entre la multitud, mientras las bandas de música interpretaban piezas tradicionales alemanas con ritmos contagiantes. La interacción entre espectadores y artistas convirtió la marcha en un espectáculo vivo.
Este tipo de sátira política, arraigada en el carnaval del Rin, recupera su larga historia de crítica social disfrazada de humor. Desde el siglo XIX, estas celebraciones han servido como válvula de escape para señalar autoridades y sucesos polémicos sin recurrir a la violencia. En Düsseldorf y Colonia, cada edición refina el arte de la caricatura en tres dimensiones, reafirmando la relevancia del papel maché como medio de expresión colectiva.


