Brianna Lafferty, de 33 años, relata que cambió radicalmente su percepción sobre la muerte tras ser declarada clínicamente muerta durante ocho minutos en un hospital de Texas, Estados Unidos. El suceso tuvo lugar cuando ella contaba con 25 años y estaba ingresada por complicaciones derivadas de la distonía mioclónica, un trastorno neurológico que provoca contracciones musculares involuntarias.
Según el testimonio de la propia Lafferty, en el periodo en que carecía de signos vitales “oí a alguien preguntar si estaba preparada” antes de zambullirse en una completa oscuridad. A continuación, sintió cómo su conciencia se elevaba por encima de su cuerpo físico, lo que ella describe como una separación del ser material.
La norteamericana explica que, en esa experiencia, no percibió dolor alguno, sino una inmensa sensación de paz, calma y claridad mental. Se sintió “totalmente viva y consciente”, aunque su forma humana permaneciera inmóvil. Esa vivencia le hizo percibir la existencia de una inteligencia superior que, según su interpretación, vela por el ser humano con un amor incondicional y guía el transcurso de la vida.
Tras ser reanimada en la unidad de cuidados intensivos, Lafferty tuvo que reaprender funciones básicas como hablar, caminar o alimentarse por sí misma. A raíz de aquel proceso de rehabilitación y del impacto espiritual que vivió, desarrolló una nueva visión en la que la fragilidad de la experiencia humana y la temporalidad de la vida cobran un significado distinto.
En los años posteriores, la mujer ha compartido otros detalles de lo que denomina “experiencia de casi muerte”. Relata que en ese estado “el tiempo no existe como lo entendemos” y que llegó a “percibir el inicio de todo, con códigos numéricos que estructuran el universo”. También alude a encuentros con entidades que, aunque no identifica plenamente, le resultaron familiares. Todo ello le infundió un profundo sentido de misión y reverencia tanto por la vida como por la muerte.
Lafferty sostiene que la conciencia “permanece viva” tras el fallecimiento físico, entendiendo que el ser simplemente se transforma. Además, fue sometida a una intervención experimental en la glándula pituitaria, afectada gravemente durante el colapso, y asegura haber obtenido resultados prometedores que contribuyeron a su recuperación neurológica.
Según relata, sus pensamientos se manifestaban instantáneamente en esa dimensión, lo que le enseñó a convertir la negatividad en positividad. Afirma sentirse empoderada y confiada ante los desafíos de la existencia, pues considera que cada hecho, por doloroso que sea, tiene un propósito que suma a su crecimiento personal.
Pese a la nueva perspectiva, Brianna confiesa temor a vivir otra situación similar debido a la dureza del proceso de recuperación. Actualmente, ejerce como guía de transición, un rol en el que ofrece acompañamiento y apoyo integral a personas en etapas finales de la vida, en enfermedades crónicas o en procesos de desarrollo espiritual.


