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Pareja demanda clínica de fertilidad tras descubrir que su hija no es biológicamente suya

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Un matrimonio de Florida presentó una demanda judicial después de comprobar que la niña nacida mediante fecundación in vitro no comparte vínculo genético con ninguno de los dos progenitores. Según relataron Tiffany Score y Steven Mills, las primeras sospechas surgieron tras el parto, en diciembre, cuando advirtieron rasgos físicos en la bebé, llamada Shea, muy diferentes a los suyos y decidieron someterla a pruebas de ADN.

Los futuros padres acudieron a una clínica especializada con el deseo de concebir mediante fecundación in vitro (FIV). Durante el tratamiento, el equipo médico recolectó óvulos y espermatozoides para generar tres embriones viables, que quedaron criopreservados hasta su transferencia. El embarazo transcurrió sin incidencias aparentes, pero al nacer Shea comenzaron a observar discrepancias en su apariencia que divergían de la estirpe genética esperada.

La pareja solicitó análisis genéticos en un laboratorio independiente. El resultado confirmó el error: había habido una transferencia de embriones distinta a la pareja solicitante. En otras palabras, el embrión implantado no procedía de los óvulos de Tiffany ni del esperma de Steven, sino de terceros desconocidos. A pesar de lo impactante de la noticia, Tiffany y Steven declararon a la revista People que su hija es “una niña preciosa y saludable, a la que queremos más de lo que cabe en las palabras”.

Esta situación ha generado un profundo temor en los padres respecto a la custodia de Shea, ya que temen que los progenitores biológicos puedan reclamar la tenencia de la menor. “Vivimos con la preocupación constante de perder la guarda de nuestra hija; ese miedo es casi insoportable”, confesaron. Además, manifestaron la urgencia de conocer qué ha ocurrido con sus propios embriones, pues podrían haberse implantado en otra familia sin su consentimiento.

Con el fin de aclarar cómo se produjo el intercambio de embriones y determinar el origen genético de la bebé, Tiffany Score y Steven Mills han demandado a la clínica y al médico responsable del procedimiento. Según su abogado, el objetivo primordial no es obtener una indemnización millonaria, sino entender el fallo técnico y garantizar la trazabilidad de sus embriones. “Es algo evidente que debe ser investigado”, señaló el letrado.

El proceso de fecundación in vitro incluye varias fases: estimulación ovárica, punción folicular para la extracción de óvulos, fertilización en laboratorio, cultivo de embriones y su transferencia al útero. En cada paso, las clínicas aplican protocolos de identificación y documentación para evitar confusiones, pero en este caso esos mecanismos fallaron. Actualmente, la demanda busca esclarecer en qué etapa pudo haberse producido el error humano o técnico.

Mientras el asunto avanza en los tribunales y se esperan nuevas audiencias, la pareja intenta preservar la normalidad en su rutina familiar. “Shea no tiene culpa de nada y no merece verse envuelta en este conflicto”, reiteraron. Este incidente pone de relieve la importancia de los controles de calidad en los tratamientos de reproducción asistida y la necesidad de procesos estrictos de verificación en las clínicas de fertilidad.

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