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A los 2 años, niño fumaba dos paquetes de cigarrillos al día

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En 2007, con apenas dos años de edad, el indonesio Ardi Rizal captó la atención de la comunidad internacional al ser visto fumando de forma habitual. Durante ese periodo, el menor llegó a consumir el equivalente a dos paquetes de cigarrillos al día, una cantidad que superaba con creces cualquier recomendación sobre exposición al tabaco. Esta situación generó alarma entre autoridades sanitarias, profesionales de la salud y el público en general, dado que la inhalación de humo a tan temprana edad puede dañar el desarrollo pulmonar y favorecer la aparición de enfermedades crónicas en la vida adulta.

El inicio del hábito se produjo antes incluso de que Ardi cumpliera un año, cuando su padre le ofreció el primer cigarrillo. A partir de entonces, el niño desarrolló rápidamente dependencia a la nicotina, una sustancia altamente adictiva que actúa sobre los receptores cerebrales relacionados con el placer y el control de los impulsos. En declaraciones posteriores, Ardi relató que no culpaba a su familia por lo sucedido, mientras su madre manifestaba temor constante por el estado de salud de su hijo y buscaba ayuda especializada para interrumpir cuanto antes el consumo.

Según estimaciones médicas, a lo largo de aproximadamente cuatro años Ardi llegó a fumar cerca de 47 000 cigarrillos. Esta cifra, alarmante por la edad del menor, ponía de manifiesto no solo la dependencia física, sino también el riesgo de complicaciones cardiovasculares y respiratorias prematuras. En respuesta, los profesionales de la salud señalaron que la exposición prolongada al humo del tabaco en un organismo en crecimiento puede provocar alteraciones en los tejidos pulmonares y reducir la capacidad pulmonar de forma irreversible.

Al iniciar el tratamiento para abandonar el tabaquismo, Ardi experimentó síntomas propios del síndrome de abstinencia, entre ellos una marcada compulsión alimentaria. Este fenómeno, común en procesos de deshabituación de la nicotina, se caracteriza por un aumento en el apetito y el consumo de grandes cantidades de alimentos como sustituto del acto de fumar. El incremento de peso resultante en poco tiempo se convirtió en una nueva preocupación para la familia y el equipo médico.

Cuando Ardi cumplió cinco años, su masa corporal había crecido de forma considerable, lo que motivó a sus padres a buscar un programa de apoyo integral. El plan consistió en un abordaje gradual de la interrupción del consumo de tabaco combinado con pautas de reeducación alimentaria. Bajo la supervisión de psicólogos y nutricionistas, se establecieron objetivos progresivos para reducir el número de cigarrillos diarios y adaptar la dieta a necesidades saludables, favoreciendo hábitos de vida equilibrados.

Los especialistas encargados del seguimiento enfatizaron la importancia de un proceso paulatino para minimizar el riesgo de recaídas. Gracias a sesiones de asesoramiento individual y familiar, así como a la supervisión médica regular, Ardi consiguió dejar el cigarrillo de forma definitiva. El propio niño ha señalado que avanzar de manera escalonada fue clave para superar la adicción sin someterse a cambios drásticos que pudieran resultar traumáticos.

En la actualidad, Ardi mantiene una rutina estable sin consumir tabaco y no presenta problemas respiratorios graves derivados de su dependencia infantil. Su caso ha servido de ejemplo para reforzar campañas de prevención del tabaquismo en la infancia y recordar a la sociedad los peligros que conlleva la exposición temprana al humo, así como la necesidad de programas de apoyo multidisciplinar para promover la salud y el bienestar desde los primeros años de vida.

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