El servicio de urgencias del hospital Sainte-Musse, ubicado en Toulon, en el sur de Francia, vivió el pasado sábado una situación de emergencia inusual cuando un hombre de 88 años acudió a la unidad con un proyectil de la Primera Guerra Mundial introducido en su recto. Según el diario local Nice-Matin, el artefacto medía aproximadamente 18 centímetros de longitud y 9 centímetros de diámetro.
Al constatar la presencia de un objeto potencialmente explosivo, la dirección del hospital activó de inmediato sus protocolos de seguridad. Se procedió a evacuar parcialmente el área de emergencia: los pasillos y salas aledaños fueron acordonados con el apoyo de personal de seguridad y de los bomberos, mientras se priorizaba la protección de pacientes y trabajadores sanitarios. Aunque el anciano aseguró que el proyectil estaba inactivo o “desmilitarizado”, la gravedad del incidente llevó a convocar a especialistas en desactivación de explosivos para que evaluaran el riesgo real del artefacto.
Fuentes del propio centro hospitalario relataron a Nice-Matin que, si bien estaban acostumbrados a atender casos de cuerpos extraños, jamás habían afrontado un suceso de tal magnitud. “Una manzana, una manga o incluso espuma de afeitar… hemos visto de todo. Pero una bomba nunca”, comentó uno de los enfermeros involucrados. Una vez que las unidades de desactivación confirmaron que el proyectil podía manipularse sin peligro de detonación, procedieron a su extracción segura.
Tras concluir las maniobras, sin que se registrasen explosiones ni heridos, los responsables del hospital levantaron los cordones de seguridad y fueron reincorporando gradualmente el personal y los pacientes a la zona afectada. El hospital Sainte-Musse recuperó así en pocas horas su operatividad normal, aunque permanece la reflexión sobre los riesgos asociados al hallazgo de artefactos de guerra en domicilios particulares.
Contexto histórico y técnico
Los restos de explosivos procedentes de conflictos pasados constituyen todavía hoy un peligro latente en varias regiones de Europa. Tras la firma del armisticio en 1918, miles de municiones sin detonar quedaron dispersas en territorios de la Gran Guerra. Aunque con el tiempo muchas han sido neutralizadas, cada año se documentan hallazgos en campos, bosques o incluso en viviendas antiguas.
La manipulación de estos proyectiles requiere de protocolos estrictos. Las unidades de desactivación recurren a robots, contenedores blindados y procedimientos de aislamiento para trasladar o detonar controladamente los artefactos. Además, los hospitales y centros públicos cuentan con planes de emergencia para salvaguardar la integridad de usuarios y trabajadores ante la presencia de explosivos.
Este incidente en Toulon subraya la importancia de informar siempre a las autoridades competentes al detectar objetos desconocidos con potencial bélico, y recordar que los conflictos históricos pueden tener consecuencias inesperadas incluso un siglo después.


